jueves, 10 de septiembre de 2009

ESC.11 INT. EN LA MENTE DEL AUTOR -- DÍA

Este post es, en cierto sentido, otra cara de la moneda de ESC.4 INT. MONOAMBIENTE (FLASHBACK) -- DÍA. Ahí recordaba como aprendí la lección de la subjetividad y el ego que rondan a esta profesión. Sin embargo, más tarde aprendí algo más: que el autor sufre presiones que aquellos que trabajan para él muchas veces desconocen, y que por tanto se ve obligado a tomar "decisiones sumarias" que muchas veces impactan sobre lo que escriben sus colaboradores. Sin hablar de cómo el stress de una tira diaria, por ejemplo, puede afectar su "performance humana", llevándolo a chocar con su equipo en el terreno de lo personal.
Estas son cosas que el autor puede evitar (un poco de terapia no le hace mal a nadie, y lo digo por experiencia); lo que no quita que un buen co-autor deba allanar el camino para que no sucedan. ¿Cómo? Metiéndose en la mente del autor, que es el "dueño" del programa, para mal o para bien. El co-autor que quiere transformar el programa en el que trabaja en su propio programa, ha elegido un camino equivocado: más le conviene mover su material en las productoras del ramo, y no complicarle la vida al autor. El rol del co-autor es ayudarlo a transmitir su visión.
Para poder hacer esto, hay que ser capaz de olvidarse un poco de uno. Esto no significa transformarse en el otro, pero sí tener la capacidad de entender qué es lo que el autor quiere transmitir, cuál es su estilo, sus tiempos, las cosas que le gustan y disgustan, los puntos en los cuáles está dispuesto a transar, y aquellos en los que no va a ceder nunca. Es un trabajo delicado, con mucho de psicología, y ciertos riesgos de "mimetización" que muchos autores aprovecharán para transformar al ayudante en una extensión de sí mismo (esto significa que podremos recibir llamados a las 12 de la noche, pasar los fines de semana discutiendo sobre el programa, y servir de terapeuta, en algunos casos). Aun así, aprendiendo a manejar el delicado equilibrio que conllevan todos estos factores, ocupar este rol puede llegar a ser muy gratificante: aportará al éxito del programa, y a la fidelidad del autor, que probablemente habrá de llevarnos con él durante varios años. Años de experiencia, de entender hasta el más mínimo vericueto de la profesión (sobre todo aquellos referidos a la producción) al amparo de las presiones que sufriremos cuando, eventualmente, ocupemos su lugar.
Luego, quizá llegue el momento de la cruenta separación. Habrá lágrimas, arañazos, imprecaciones y pase de facturas. Pero así son los divorcios. Ya se vio en La Guerra de los Roses; yo no inventé nada.

2 comentarios:

Sergio dijo...

A mí me parece que si uno no pone más de parte de uno, no le está ayudando en nada al autor, para qué sirve decir todo que sí?

Marcelo Cabrera dijo...

Hola Sergio. Estoy totalmente de acuerdo con vos. Por eso hablo de un delicado equilibrio. Aparte hay que saber con quien está uno. Otro día voy a contar sobre algunas experiencias que tuve donde se tomaron directamente a mal que expresara mi opinión. Slds!