jueves, 17 de septiembre de 2009

ESC.16 EXT. JARDÍN DEL EDEN -- NOCHE

La mujer es el origen del mal. Dios la eligió para para ser tentada por la serpiente, a ella y no a Adán, y así dar origen a una caída que, según el cristianismo, todavía nos hace nacer a todos manchados de pecado.
¿Es posible que una película sostenga ideas como estas, que sea perturbadora, moralmente cuestionable, y al mismo tiempo poderosa?
Es posible si el que está detrás de cámara es Lars Von Trier (Contra Viento y Marea, Los Idiotas, Dogville).
Von Trier siempre me ha producido admiración y desagrado por igual. Entiendo que es una decisión calculada de su parte generar ese efecto en el público: cuan calculada, es la pregunta a responder para saber si uno está frente a un artista que expresa sus demonios sin prúrito, o a un simple hijoputa manipulador.
Buscando una vez más respuesta a esto, vi la otra noche Antichrist, su última (y como siempre polémica) película. Antichrist cuenta la historia de una pareja que pierde a su hijo víctima del pecado (el niño se cae por una ventana mientras ellos hacen el amor, desatendidos de él). Ella se sumerge en una feroz culpa, atravesada por un dolor físico insoportable, a los que sobrevive gracias a una internación repleta de medicamentos. Su marido lidia con su propio dolor a través de la distancia que le permite tomar su profesión (es psicólogo), y decide tratar de enseñarle a su mujer como sobrevivir a la pérdida sin muletas químicas. Tomándola como su propia paciente, la expone a una suerte de desintoxicación síquica, con efectos físicos similares a los de una desintoxicación por drogas.
A medida que la mujer "mejora", el marido va accediendo a una segunda capa de emociones que anidan en ella... y aquí comienza la verdadera película. Hay un miedo primordial que la impulsa a volver a Edén, la casa que tienen en la montaña, donde estuvo escribiendo el verano último, sola, con su hijo (el material de este libro es relevante en la película... pero tampoco es cuestión de contar todo...). Tratando de desentrañar este nuevo misterio, el marido la lleva al lugar. Allí, dentro de la casa y sobre todo en sus alrededores ( lo que ellos llaman "jardín"), el marido descubre que una maldad primordial (la "naturaleza del mal"), reside en su mujer (y por lo que se ve en la escena final, en todas las mujeres), y que incluso la muerte de su hijo está teñida de esta maldad.
No se confundan: aunque usa varios de los mecanismos formales del cine de terror, no es una película de género. Es una obra maestra de la misoginia, proveniente de un hombre especializado en el sufrimiento femenino (piensen en Bailarina en la Oscuridad, Dogville, Contra Viento y Marea); solo que aquí, en lugar de disfrazar sus intenciones colocando a la mujer en el papel de la víctima, se muestra frontal para admitir que adhiere, con creces, a la mitología cristiana.
Así y todo, Antichrist es una película hipnótica. Su cinematografía es la más preciosista y estilizada de toda la filmografía de Triar; la fotografía (del gran Anthony Dod Mantle) es provocadora y bella sin volverse una colección de cuadros que interrumpan la trama; la cámara cruza la intimidad propia del registro Dogma, con planos generales que parecen abrevar en Kubrik.
Y luego, está el guión, firmado por el mismo Trier junto a Anders Thomas Jensen: a mi modo de ver, lo más importante de la película, aun teniendo en cuenta que su idea central puede ser, como ya mencioné antes, moralmente reprochable.
Años atrás, Trier opinaba que "dentro del cerebro del espectador, existe un deseo de encontrar la trama, si quieres llamarla así, o la lógica que subyace en todas las cosas que suceden en la pantalla, como cuando tu cerebro busca una figura oculta en un cuadro abstracto; creo que estamos trabajando con este deseo, y que tenemos que atrevernos a ir más allá". Y ha sido fiel a esta idea.
En Antichrist, según palabras del propio Trier, "no trabajé en el guión como es habitual en mí. Añadí escenas sin tener una razón para hacerlo. Compuse imágenes sin pensar en la lógica ni en el dramatismo. Una vez más el tema era la Naturaleza, pero era diferente, mucho más directa que antes. Más personal. No hay un código moral específico en la película, y está basada en lo que algunos llamarían “necesidades básicas” en cuanto a la trama". Esto no sucedió porque sí. "Pasé por una depresión hace dos años. Fue una experiencia nueva para mí. Todo, fuese lo que fuese, carecía de importancia, era trivial. No podía trabajar. A los seis meses decidí escribir un guión a modo de ejercicio. Era un poco como una terapia, una forma de saber si sería capaz de volver a hacer una película. ¿Ha sido ANTICRISTO mi crisis en el infierno? ¿De ahí mi afinidad con Strindberg? No tengo ninguna excusa para ANTICRISTO, solo mi profunda fe en la película, la más importante de toda mi carrera profesional".
La mención de Strindberg no es casual (y no solo por la célebre misoginia del dramaturgo sueco), sino porque bucea en su escuela: el guión de Antichrist se adentra en el terreno del simbolismo y el expresionismo que desarrolló Strindberg, pero sin renunciar por completo a las principales formas de la narrativa cinematográfica clásica (linealidad temporal, triada presentación-nudo-desenlace, turning points). Por algo eligió arroparse dentro de un aparente "cine de género".
Antichrist golpea por su tema, por su forma de aproximarse a ese tema y por cómo impacta en nuestra retina (sin olvidar, aunque tampoco sin darle más trascendencia de la que tiene, a algunas escenas de sexo explícito).
Qué nos producen esos golpes, habla más de nosotros mismos que de Trier.

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