jueves, 3 de septiembre de 2009

ESC.7 INT. ENTRE PARLANTES -- DÍA

Hay autores que miran la televisión mientras escriben, manteniendo un ojo siempre atento sobre la competencia. Otros escuchan la radio. Algunos prefieren el silencio absoluto, para evitar perder concentración: entrar en el mundo de los personajes es un ejercicio más complejo de lo que parece, una suerte de separación temporal del Yo que nos permite asumir el Yo de nuestras creaciones. En mi caso, suelo escuchar música. Pero no cualquier música. Más allá de una cuestión de géneros y gustos, lo que suelo buscar son temas que me coloquen en un estado anímico relacionado con lo que estoy contando. Y no solo me refiero a una canción triste para una historia triste: por eso usé el termino colocar, que suele usarse también para el efecto que generan ciertas sustancias alucinógenas. Se trata de expandir la conciencia, la imaginación, para poder volcar un material más rico en la página... sin necesidad de las mencionadas sustancias, claro. Esta música de la que hablo suele tener lo que yo llamaría un componente concientemente inacabado. Es música que maneja emociones, sensaciones, texturas, más que conceptos "redondos" (como en el pop, donde todo cierra siempre prolijito).
El disco Dynamo, de Soda Stereo, es un buen ejemplo de esto: las canciones están llenas de espacios que lo desafian a uno a poner lo que falta, estimulando así la imaginación. Sucede lo mismo con cierto tipo de cine.

Ahora estoy escuchando un disco que se llama Dark Night of the Soul, de Danger Mouse (en el que colabora, no casualmente, David Lynch), y tiene varias canciones de este tipo, ideales para thrillers e historias de terror. Para telenovelas, podría mencionar Come Away Whit Me, de Norah Jones. Pero son solo sugerencias personales a modo de ejemplo. Cada uno encontrará sus disparadores emocionales en distintos discos, y seguramente en muchos casos lo que funcione para uno, le hará rechinar los dientes a otros. Por supuesto, no importa. Lo que vale es intentar el ejercicio de usar una música que no nos acompañe simplemente, sino que provoque una respuesta emocional que nos ayude a enriquecer el material. Puede ser revelador.

4 comentarios:

Camilo Torres de la Guía dijo...

Muy bueno el blog, Marcelo. Yo también anduve dándole vueltas a la idea de escribir uno, pero francamente no sabría qué escribir que resultara interesante para alguien más que no fuera yo. Bueno, vos lo lograste.

Un abrazo
(Nos cruzamos en un equipo, ¿te acordás? A ver cómo andás de la memoria..)

Anónimo dijo...

En mis épocas de dialoguita tenía una talentosísima colega que se "colocaba" con la música de Underground, la peli de Kusturica. Marcaba el compás con el teclado, sus dedos volaban. Quedaba agotada, pero sacaba el laburo en tiempo record. Yo prefiero el silencio absoluto, aunque aprendí a escribir con mi hija rondando por el dpto, y ahora, cuando no está, la extraño.
Felicitaciones por el blog, es buenísimo conocer a colegas y saber que compartimos algunos gustos (Kaufman, un genio).
Un saludo. Marisa.

Marcelo Cabrera dijo...

Hola Camilo! Qué desafío... mi memoria ya no es lo que era... ¿Puede ser con Gustavo Barrios?
Marisa, si lo pensamos bien, ¿el silencio absoluto no es una suerte de vacío que pide ser llenado con imaginación? Es otra suerte de estimulación, ¿no? ¿O estoy divagando? Besos

Samantha Bridge dijo...

Hola! Excelente blog! te cuento que yo tambien suelo escribir los guiones con la musica que le da vida y me inspira para seguir por tal o cual direccion en la vida de mis personajes...
Lo gracioso es cuando alguien llega y me dice ¿que haces escuchando "eso"? jaja y rara vez comprenden.

Gracias por exponer tus experiencias!
Clau