domingo, 30 de agosto de 2009

ESC.4 INT. MONOAMBIENTE (FLASHBACK) -- DÍA

Cuando sonó finalmente el teléfono, ya era mediodía. Desde las 8 de la mañana estaba esperando la escaleta para dialogar, y a medida que pasaban las horas sin novedad, ya sabía que algo pasaba. Instinto básico de dialoguista. Podía ser algún problema con producción, que puso al autor a reescribir; o alguna reunión en el canal que no había podido evitar. Cuando atendí el teléfono, suponía que el escenario de mínima era que ese día iba a tener que dialogar hasta medianoche, por lo menos. Me equivocaba. El autor, en tono de buen amigo comprensivo, me llamaba para explicarme que no iba a haber escaleta ese día... ni ningún otro día. Habían decidido que el trabajo conmigo no funcionaba, y me dejaban libre. Cuando corté, más que pensar en cómo iba a pagar el alquiler del monoambiente en el que vivía, me invadió una furia fría contra él: había torpedeado mi sueño de ser guionista. Era uno de mis primeros trabajos, y fallar tomaba dimensiones apocalípticas. Se ponía en juego, digamos, mi razón para vivir. Algo que no podía aceptar. En vez de deprimirme, me anoté en un curso de guión con María Inés Andrés, que resultó ser mucho más que una profesora: fue una suerte de mentora, de inspiradora, alguien que con su don de gente y su calidez, además de su experiencia, terminó de perfilar mi forma de entender esta profesión. Cuando le mostré el trabajo que había estado haciendo para el autor, ella (que además lo conocía) me dijo que no podía entender por qué me había despedido. A su parecer, el material no era perfecto, pero tenía el nivel necesario para ser aceptado en el mercado. Entonces, ¿por qué el autor no lo había visto así? María Inés me ayudó a entender algo fundamental en este metier: el concepto de subjetividad. ¿Cuántas maneras válidas hay de contar una misma historia? Cientos. ¿Quién decide cuál es válida? El autor, desde su subjetividad. Y, lo que no es menor, su ego. No importa si el capítulo dialogado o la escaleta están bien: importa si están bien para el autor. Aunque esto es comprensible, y hasta cierto punto necesario, creo que a la larga es un concepto con varios defectos. Principalmente, complica el trabajo entre el autor y su equipo, que debería ser una sinfonía y muchas veces termina sonando a dodecafonismo. Cuando tuve la oportunidad de ser autor y mi coautor me acercó su primer escaleta, me enfrenté a esta situación y tuve que preguntarme: ¿está bien esta escaleta, más allá de mi ego y mi subjetividad? ¿Funciona, cumple los parámetros que pedí? ¿Es creativa? La respuesta a todo esto era sí. Entonces, no importó que yo pudiera hacerla de otra forma: el hecho de poder, no significa que algo se deba hacer. Me pareció más importante respetar el trabajo de la persona que elegí para ese puesto, apoyarlo. Y funcionó. El que haya sobrevivido, demuestra que las heridas al ego no son mortales. Ojalá más gente se diera cuenta de esto.

8 comentarios:

Jessica Valls dijo...

Viví situación parecida al inicio de mi carrera, con la misma sensación apocalíptica. Que difícil es empezar!!
Me gusta mucho tu blog!!

Ilusionario.com.ar dijo...

Muy bueno lo que tienes en tu blog! Saludos!

Marcelo Cabrera dijo...

Gracias Jess! Y gracias también para uds de Ilusionario, estuve mirando la página y tienen unas ilustraciones realmente excelentes!

Anónimo dijo...

Hola Marce, la verdad es que esto me da más fuerzas para seguir intentándolo. Hace poco viví una situación similar, será que todos deberán pasar por eso en los inicios??? Una especie de INICIACIÓN?? Espero que no se repita y lograr superarlo como lo han hecho vos y Jessi. MUY DIVERTIDO TU BLOG!
besossssss

Clarisa dijo...

Hola, Marcelo!
Me encanta tu blog. Me prepara, me enseña, me divierte, me da ideas... También me emociona. Gracias a vos pude entrar en esta profesión y me está yendo muy bien!
Grandes besos,
Clarisa

Marcelo Cabrera dijo...

Gracias a vos Clarisa por tu mensaje, ahora sos vos la que me emocionó a mí! Un beso

Anónimo dijo...

Lamentablemente me ha pasado en muchos trabajos que me despidieran de una manera similar a la que te paso a vos y luego del portazo que me dieron, me senti para el carajo...
Muy desesperanzada, indignada y auto- critica!, repasando la situación una y otra vez. Preguntandome donde falle? y a que criterios no puede responder? , o porque eligieron a tal o cual... y yo quede afuera.
A medida que pasaron los dias un par de veces me di cuenta que me habia equivocado,( obvio la habia cagado en la entrevista, porque dije una burrada, porque no tenia experiencia, me habia faltado " marketing de mi misma" etc).

Otras veces sentí que yo no me ajustaba a ciertas logicas, porque lisa y llanamente no tenian que ver ni un poquito con mi modo de concebir la profesión.
Me sentí mas tranquila cuando Afortunadmente descubrí que Aunque contara las monedas para tomarme el bondi y pagar el alquiler... yo no estaba dispuesta a
" venderle" mi trabajo a alguien , que me maltratara para satisfacer su ego y caprichos.

Por suerte siempre aparecen amigos, colegas, maestros. tutores, que nos ayudan a crecer e inspiran para ir en busqueda de
aquello que buscamos incansablemente.

Aprovecho para decirte que me gusta mucho tu blog y lo vi por recomendación.

Ojala sigas escribiendo y se vea en tu laburo " los lugares comunes que compartimos todos los seres humanos".

saludos!. mar

Anónimo dijo...

a quien no le paso querer patear a algún jefe o futuro jefe y querer mandar todo a la mierda.!
y luego de eso la reflexion, las ganas de seguir, el encuentro con el deseo propio. Ademas de la problematica de pagar las cuentas y la incertidumbre que presenta el futuro.....
ufff menos mal que siempre termina llegando un poco de luz , en el fondo del pozo.

saludos
martin