jueves, 25 de febrero de 2010

ESC.81 INT. METAMORFOSIS -- NOCHE

Me acordé, claro, de Kafka. Leyendo La Metamorfosis, uno tiene una sensación similar: la de ser arrancado de la realidad y dejado en un lugar donde todo es tan extraño y ajeno, que no podemos identificarnos claramente a nosotros mismos. La situación objeto-sujeto(espectador) se rompe, y cuando miramos alrededor, no sabemos a dónde estamos, y el regreso de ese lugar es como una larga inmersión.
A ver si me explico mejor con un ejemplo: cuando tenía 9 años, en un tarde de invierno, me tiré a dormir una siesta. Cuando me desperté, todo estaba mal: era de noche, no de día como cuando me dormí; mi madre ya no estaba en el departamento, y la tele estaba prendida para nadie, sintonizando un programa que ninguno de nosotros veía nunca. Aunque todo tenía explicación (mi madre había salido al pasillo en medio de un zapping, dejando la tele encendida en cualquier canal; yo había dormido más horas de las que solía dormir, por eso era de noche), la sensación fue de haber sido trasportado a un universo paralelo, un lugar lleno de elementos comunes, pero imposibles de reconocer.
Me volvió a pasar años después, un día de semana por la tarde. Por motivos que no recuerdo ese día no tenía que trabajar, y me tiré en la cama a comer un sándwich, mirar televisión y hacer dolce far niente; después de todo, no es raro para un autor que, a una repentina tarde libre, le siga una repentina noche llena de trabajo de hijuelado.
Luego de comer, amodorrado, comencé a hacer zapping y me detuve al ver las imágenes de apertura de una película (de la cual solo después pude saber el nombre), con un clima extremadamente extraño, y un actor bastante simpático pero común en medio (Jeff Daniels). Era una película que no esperaba, en un momento en el que, en cualquier otra ocasión, no debería haber estado viendo televisión. Se llamaba Chasing Sleep. En ella, un hombre espera a su esposa, que nunca llega. La denuncia a la policía. Padece de insomnio y se carga de pastillas para poder descansar. Lo único que logra, es confundir aun más en su mente, que oculta un secreto terrible, sobre lo que es realidad y lo que es fantasía. Chasing Sleep conmueve por su capacidad de trasmitir la claustrofobia, angustia, paranoia y desorientación de su protagonista... y pasárnosla a nosotros. 




Recuerdo que sobre los títulos finales de la película, sonó el teléfono. Me costó distinguir que no sonaba en el film, sino a mi lado. Y cuando atendí, el tono de voz y el tema de charla de la persona que me llamaba, me resultaba tan ajeno que me llevó un largo momento poder concentrarme en seguir la charla. Chasing Sleep me había "kafkianizado", o para usar un término no inventado, "mesmerizado" (lo que me lleva a otra película, o más bien una short movie, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de Roger Corman, basada en el cuento de Edgar Allan Poe).
Anoche vi una película que en varios momento me causó una sensación similar (y con esto volvemos al principio de este post). Se llama Ne te retourne pas ('No mires atrás'), de la directora francesa Marina de Van. Jeanne, una escritora, entra en crisis cuando una de sus novelas es rechazada. Lentamente, el mundo a su alrededor comienza a cambiar: el orden de las cosas en su departamento, su marido, las actitudes de sus hijos, las fotos de su vida, todo va variando hacia algo que Jeanne no puede reconocer. Luego, es la misma Jeanne la que comienza a cambiar. Con un uso exquisito de los efectos especiales al servicio del relato y no de sí mismos, Jeanne empieza a mutar.


Y aquí es donde recordé, claro, a Kafka. Viendo como el rostro de Jeanne se transforma lentamente (primero un ojo, luego un pómulo, luego parte del pelo), hasta el momento de su espectacular mutación "final" (ocurre a la mitad de la película, en realidad), provocada por la conducta distante de su madre (los que quieran verla, pueden entrar aquí), volví a sentir esa sensación de ser colocado en un mundo extraño donde nada es lo que parece ser, sobre todo, uno mismo.
¿Quién soy?, creo, es la pregunta que une La Metamorfosis, Chasing Sleep y Ne te reourne pas. Y a media humanidad, supongo.
Cuando terminó la película, el nombre de David Lynch me vino a la mente, al lado del de Kafka. Su obra está íntimamente ligada, por supuesto, con todo lo que aquí venimos hablando.
Pero no recordé ninguna de sus películas más conocidas, sino el dvd The Short Films of David Lynch, que vi (empece a ver, más bien, ya que no logré terminarlo por la sensación que me causó), hace un par de años. Se trata de una recopilación de los primeros trabajos audivisuales de Lynch, cuando aun estaba haciendo el paso de pintor a cineasta, e incluye su primer filme de larga duración, The Grandmother.
The Grandmother es, a mi entender, uno de los trabajos cinematográficos más perturbantes jamas hechos. Pocas películas de terror (algo que The Grandmother no pretende ser), logran causar tanta desazón y espanto como este ejercicio de 34 minutos que trata (si es que hay que definir un argumento) sobre un niño maltratado por sus padres, que "cría" una abuela "cariñosa" sobre su cama a partir de unas misteriosas semillas.
Lynch logra expresar en imágenes (y sin diálogos), todo aquel material en bruto inconsciente al que ciertos cineastas apenas si logran acceder en capas superiores, para crear films como los antes mencionados.
Creo que la mejor manera de expresar los sentimientos que me llevaron a escribir este post, es compartir con ustedes, justamente, The Grandmother. Va dividida en cinco clips. Que la disfruten (si, claro, es una forma de decir).








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lunes, 22 de febrero de 2010

ESC.80 INT. QUEMADO -- DÍA/NOCHE

"Estás quemado", fue la sentencia laboral. Primero, la negué de plano. Argumenté en contra, utilizando todo tipo de armas a mi alcance: condiciones de trabajo, desencuentros estilísticos, tiempos. Pero luego, un lector de este blog me dejó caer el comentario que decantó la aceptación: "te leo un poco cansado". No me quedó más remedio que enfrentar la realidad. Estoy quemado. Temporalmente, estoy seguro (la experiencia lo indica). Necesito vacaciones. ¿Quién no? ¿Qué guionista no?
Escribir en continuado demasiado tiempo se transforma en algo parecido a ir manejando por una autopista de noche y cansado. Primero, los ojos empiezan a pestañear como peces buscando aire, agotados. Luego el entorno va desapareciendo lentamente y solo vemos lo que tenemos delante, el o los carriles por los cuáles avanzamos, temiendo la aparición repentina de alguna situación u objeto lateral que advertiríamos demasiado tarde. Por último, los faroles que iluminan el camino se van convirtiendo en una linea interminable de luz, como el efecto que generaría alguien moviendo una linterna frente al iris de una cámara de fotos abierto demasiado tiempo. Algo hipnótico que puede conducirnos al desastre. 
En estas condiciones, solo la suerte logra llevarnos a destino.
El papel en blanco no existe. Es una nube gris. Una autopista que no lleva a ningún lado. 

"¿Cuál es el peor enemigo de un guionista?", le preguntaban en una entrevista Santos Mercero, guionista español de series como Hospital Central y MIR"El tópico, que amenaza en cada página, y el plagio, tanto el consciente como el inconsciente", respondió él; "también la rutina. El guionista quemado que escribe de oficio, escarmentado de tantos sinsabores, o sabiendo que le van a reescribir el guión y por tanto todo da igual, es la peor versión de este trabajo".
Creo que todos podemos sentirnos reflejados en estas lineas.
Agregaría otros elementos: el agotamiento por el nivel de exigencia constante a que nos vemos expuestos (o la falta de él, igual de estresante); el fantasma del fin del proyecto actual y el qué vendrá después, que nos acecha siempre; el roce constante entre la industria y el trabajo creativo (narrame esto en solo 30 escenas, con solo 8 exteriores, dos unidades, y el protagonista que solo puede estar en una de ellas durante los siguientes quince días, otra forma de decir "hacé magia", solo por dar un ejemplo); el caos que a veces es la industria; y prefiero no continuar con la lista para no parecer negativo.
El 2009 fue un excelente año para mí: en el primer semestre, Tiempo Final; en el último, Ciega a Citas. Dos proyectos con los que me puedo identificar como autor, más allá de la cuestión contractual.
Pero cuando ahondo un poco más en los recuerdos, me viene a la mente empezar el año con la debacle de un proyecto bastante grande, una coproducción entre tres países, de la cual fui uno de los autores, que se vino abajo estrepitosamente por cuestiones económicas, con 70% de los decorados construidos, cast completo, cantidad de libros escritos, dejándonos a todos los partícipes en shock.
Luego me acuerdo de un proyecto, también internacional, en el que me vi envuelto en un principio con colosal entusiasmo, pero que me llevó a tener que lidiar con una de las peores personas (profesionalmente hablando) con las que he trabajado (para más detalles, pueden leer el post Mente Autista). Este hombre logró destrozarme los nervios como pocos.
El tercer golpe del año lo viví con otro "profesional", que en un breve reencuentro que tuvimos, logró dejar una marca indeleble en mi ánimo (un retrato del hombre en el post Creatividad Durmiente).
Tres fuertes golpes, leña para una quemazón de la que todavía no me recupero.
La vida del autor es así en general, creo. Golpes, proyectos que no salen, luchas intestinas.
Así y todo, perseveramos. Tiene que ser pasión.

Para terminar este post con una nota positiva, reproduzco la traducción que hizo Patricia Sutherland en su blog de las cinco propuestas de la editora, coach literario y ghostwriter Bobbi Linkemer para combatir el burn out de escritor:

1. Nunca digas nunca: esto es aplicable a todas las cosas en la vida. Es la palabra que con toda seguridad te hará la zancadilla, ya que no es posible saber qué nos deparará la vida o de qué manera nos sentiremos cuando nos toque enfrentarnos a algo inesperado.
2. Admítelo. Estás cansado. Estás harto de hacer lo que haces. Odias a tu jefe/editor/cliente. Estás desmotivado. Eres escritor y estás bloqueado [...]. La cuestión es, no lo niegues ni forcejees con ello. Detente, y toma consciencia de lo que está sucediendo en tu interior. El cuerpo no miente, y si está haciendo un nudo contigo, existe una razón.
3. Que no cunda el pánico. Cuando te sientas quemado, cansado, que estás escribiendo de forma mecánica o que estás demasiado bloqueado para intentarlo siquiera -y alguna vez te sentirás de esta manera-, tómate un recreo [...] Lee un libro, relájate frente a la televisión, pon tu CD favorito, limpia el suelo, arregla tu coche, haz yoga o taichi o karate. Haz cualquier cosa, menos escribir.
4. Sé consciente de que se te pasará. Aún eres una escritoro, de hecho, una buena escritora. No has perdido tu talento ni la pasión por escribir [...] Sé como los taoístas: deja que fluya. No te torturas tanto cuando tienes la gripe ¿por qué hacerlo con este malestar pasajero? Ponlo a cuenta de una fase temporal, y sigue adelante.
5. Piensa en ello detenidamente. Si es serio, si es contínuo, si es doloroso y se resiste a irse, es posible que necesites hacer algo más al respecto que distraerte viendo una película o yendo a patinar. Es posible que necesites considerar detenidamente qué está sucediendo y si en verdad es hora de hacer alguna otra cosa. Yo creo que, llegado ese momento, es posible encontrar caminos para refrescar tu mente y tu creatividad. Pero si no sucede, tienes el derecho a cambiar y encontrar otro canal para tus talentos. No has firmado un contrato de por vida para hacer lo que haces.

Será hora de apagar el fuego entonces. Espero que ayuden unos días en la costa. El agua, la energía de la naturaleza. Calmarse, y luego poner todo en perspectiva. No olvidarse que primero que nada, este es un trabajo de amor. Todo lo demás, pasa.

viernes, 19 de febrero de 2010

ESC.79 INT. EXCURSIONES (FLASHBACK) -- DÍA

Ese verano tuve mis dos primeros trabajos. Ayudar a un impresor de  calcomanías con un antiquísimo sistema de cedazos con agujeros microscópicos y reglas con los bordes limados, y salir bastante drogado todas las tardes por los efluvios de la pintura. Luego, cubrir las vacaciones de un amigo en una inmobiliaria. Atención al público, bah. Un trabajo tranquilo, incluso había una pequeña radio televisor para pasar las tardes. Sentado allí, esperando que entrara alguien a sacarme del mutismo total, empecé a pergeñar mi plan para el resto de las vacaciones. Sabía que, al regreso de mi amigo, el dueño de la inmobiliaria iba a tomarse un fin de semana en Neuquén capital, a dónde tenía que llevar de vuelta a sus dos hijas. Le pregunté si podía colarme en el auto para ir con ellos a la ciudad, y me dijo que cómo no. Ya tenía un pasaje ahorrado. De Neuquén capital, el tren hasta plaza Constitución. Viaje hipereconómico.
Tenía quince años e iba a ser mi primer viaje de larga distancia solo.
Del viaje en sí, tengo algunos buenos recuerdos. La hija de mi jefe, con la que fantasee un corto romance que durara desde nuestra llegada a Neuquén hasta la salida del tren. La falta de azúcar del cafetero en el tren, que me llevó a tomar mi primer café negro, algo que se convertiría en costumbre por el resto de mi vida. Las calle de Adrogué, mi destino final, a las 6 de la mañana (el tren arribó a Plaza Constitución con 10 horas de retraso), completamente vacías y fantasmales.
Descontando que mis abuelos estaban al borde de un ataque cardíaco, todo había salido bien para ser la primera vez.
Era sábado. Tenía dos días para organizar la parte más importante de mi estadía, el verdadero motivo de mi viaje. Compré el diario, fui a la parte de espectáculos, y comencé  a marcar la cartelera con círculos rojos. Tenía tres días, de lunes a miércoles. Entrada a mitad de precio.
A mis abuelos no les gustó mucho el plan cuando se los conté. Pero tenía permiso de mis padres.
El lunes a las 11:30 de la mañana estaba tomando el tren eléctrico de Adrogué a Plaza Constitución. Luego el subte hasta el Obelisco (en los días sucesivos, hice este recorrido caminando).
Y allí, el placer máximo.
Mi plan era sencillo: ver todas las películas que pudiera, films que, estaba seguro, no iban a estrenarse en San Martín de los Andes.
Era mi única oportunidad. Una sola vez al año, y apostando a que la cartelera estuviera bien nutrida.
Tenía todo cronometrado: primera función a las 13:30, a veces 12:30. Salida 14/15:30. Nueva entrada a la función de las 15:30/16:00 horas. Regreso aproximado a Adrogué a las 19:00 horas, con tiempo para la cena (mis abuelos cenaban a las 20:00 horas exactas).
Durante los siguientes tres días, realicé el mismo periplo. Dos películas por día. Seis al terminar ese semana. Al año siguiente, viajando con mis padres, aproveché los quince días de estadía para doblar la apuesta: 13 películas en seis días (la película extra fue un día en el que vi 2 durante la tarde, y una tercera con mis padres a la noche).
Aunque no recuerdo cuáles fueron las 6 películas que vi esa semana, aquél tiempo en sí permanece en mi memoria como algo mágico. Estaba por primera vez solo en Buenos Aires. Tenía la oportunidad de satisfacer mi hambre cinematográfica hasta quedar saciado. Tenía tiempo para caminar a la salida de la segunda función para meditar sobre lo que había visto, dejar que decantara en mi interior hasta tocar las fibras más profundas de mi corazón e imaginación. Llegaba a la casa de mis abuelos agotado, y así y todo me quedaba hasta tarde viendo alguna película en los canales de aire.
Estaba lleno de imágenes y mi imaginación hervía de posibilidades.
Mientras me tomo ahora otro café negro, me alegro de seguir igual.

lunes, 15 de febrero de 2010

ESC.78 INT. CINE Y VODKA -- NOCHE

La relación entre el mundo de las empresas y el del cine y/o televisión, no es nada nuevo. Lo que si es "nuevo" (el entrecomillado tiene que ver conque ya se viene dando hace varios años), es que ciertas marcas apoyen directamente, como estrategia de marketing, la producción de material audiovisual que no tiene enlace directo con dicha marca o producto de esa marca.
Un ejemplo nuevo de este casamiento es un cortometraje aun por estrenar: I'm Here, de Spike Jonze (de quien se acaba de estrenar Where the Wild Things Are -no la he visto, pero me dicen que es una preciosa fábula infantil para chicos y grandes-), producido por Absolut Vodka.
“Era una oportunidad bastante increíble", dice Jonze. "Ellos (Absolut) no me exigieron de ninguna manera hacer una película que tuviera que ver con el vodka. Simplemente querían que hiciera algo que fuera importante para mí, y dejaron que mi imaginación volara tan lejos como yo quisiera. Tuve la oportunidad de crear mi primera historia de amor. Trata sobre la relación entre dos robots que viven en Los Ángeles”.
Aquí abajo, el trailer:




I’m Here, con una duración de 30 minutos, se pudo ver Sundance 2009, en la Berlinale, que se está llevando a cabo actualmente, y en marzo marzo se estrenará mundialmente en http://www.imheremovie.com.

BMW tuvo también su participación en esta nueva corriente (de hecho, si no me equivoco, creo que fueron los primeros). En 2001 y 2002 contrataron a un importante grupo de directores de cine para que filmaran cortos de acción en los que aparecieran distintos modelos de autos de la marca.
La serie de 8 cortos llevó por nombre The Hire. Para llevarlos a cabo, se creó la productora BMW Films, capitaneada por David Fincher (Seven), que consiguió reunir para dirigir los cortos a Ang Lee, Wonk Kar-Wai, John Frankenheimer, Alejandro González Iñárritu, John Woo, Joe Carnahan, Tony Scott y Guy Ritchie. Podemos ver los cortos, empezando por Star, haciendo click aquí.
En 2003, Audi encargó a Wim Wenders el rodaje de un corto promocional para su nuevo Audi A3. El corto se llamó The other side of the road, de  6 minutos y sin diálogos. Se trata de una especie de road movie en la que hay una trama oculta con sabor a cine negro.

Cine y TV son medios donde lo creativo y económico se cruzan más fuerte que en ninguna otra industria. Este tipo de iniciativas demuestran que se puede avanzar en esta relación para satisfacción de ambas partes... y del público.
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jueves, 11 de febrero de 2010

ESC.77 INT. TRASNOCHE CELULAR -- NOCHE

Hace poco mi cuñado me recomendó una excelente miniserie de terror inglesa producida por la BBC: Apparitions. La historia trata sobre el Padre Jacob (el excelente Martin Shaw), un cura de doble vida: oficialmente, es el encargado de examinar evidencia de milagros que ha de ser usada para decidir canonizaciones; pero, de motu propio, se dedica a llevar a cabo exorcismos. La serie no solo tiene una excelente factura, sino que va un paso más allá de El Exorcista: el Padre Jacob es perseguido por demonios que quieren que reconozca la culpa que le compete por enviarlos de nuevo a sufrir las penurias infinitas del infierno, siendo así un agente de la impiadosa conducta de Dios, contraria a su supuesto amor universal.
Más allá del hallazgo argumental del guionista Joe Ahearne, Apparitions me sirvio para realizar una pequeña experiencia personal: ver televisión en el celular. Ya lo sé, no es nada nuevo, desde hace varios años distintas productoras se vienen dedicando a generar contenido de ficción exclusivo para celulares, llamados por algunos "mobisodes" (24 Conspirancy, Prision Break: Proof of Innocence, Lost: Missing Pieces, versiones de las conocidas series; When Evil Calls, una serie de terror adolescente, estilo "Scream"; e incluso telenovelas como Querido Profe, de Venevision Internacional, Diario de Sofía de Aitec Brasil; Encandilados, con Luisana Lopilato).
La diferencia en este caso es que no estaba viendo un mobisode de 1 o 2 minutos, filmado bajo ciertas normas especiales tanto técnicas como narrativas, sino un episodio completo de 60 minutos de artística de algo creado específicamente para la pantalla de televisión.
Tenía mis dudas sobre si se podría mantener la atención en una pantalla tan pequeña durante tanto tiempo, más allá de que las compañías de celulares pregonen esta práctica como algo muy cool (poniendo incluso películas gratis con determinados celulares). Lo más sencillo era probar. Así que me tiré en la cama, 11 de la noche, luces apagadas (ambiente inmejorable para ver una miniserie de terror), conecté los auriculares y comencé a ver Apparitions.
Una hora después, me "desconectaba" de la situación ampliamente satisfecho... y un poco asustado por la historia.
La cercanía de la pantalla (hay que mantener el celular a no más de 30 cm de la cara para poder apreciar bien los detalles en una pantalla de 3,2 pulgadas), y la calidad del sonido vía auricular, generan una sensación de relación bastante íntima con el material. Los celulares de alta gama de los últimos años (en mi caso, un Samsung Omnia), tienen capacidades de audio y video realmente asombrosas, muchas veces con procesadores específicos para estas tareas (aparte del chip madre del teléfono).
Los adelantos tecnológicos van habilitando nuevas formas de ver. Celulares con pantallas cada vez más grandes, cine en 3D, el novísimo IPad y otros dispositivos similares, son algunos de los ejemplos más recientes.
Claro, poder no significa querer, mucho menos deber. Cada uno sabrá si estas experiencias son, antes que nada, satisfactorias.
En mi caso, estoy esperando la segunda temporada de Apparitions para volver a tirarme en la cama, en medio de la oscuridad, a disfrutar de la sensación de miedo envolvente que me procuró la experiencia celular.






lunes, 8 de febrero de 2010

ESC.76 EXT. CARRETERA POSNUCLEAR -- DÍA

Siempre que encuentro algún artículo sobre la relación entre guionistas y escritores, me siento tentado de postearlo. Probablemente tenga que ver con mi propia dicotomía (si es que efectivamente la hay), entre el guionista que soy y el escritor que soñé ser desde la primera vez que empecé a escribir.
Un año y medio atrás, atraído primero por las reseñas y luego por el éxito de No es un país para viejos (la película de los hermanos Cohen inspirada en su libro del mismo nombre), leí La Carretera, que le valió a Cormac McCarthy (71 años) el Premio Pulitzer. No fue una experiencia sencilla. La prosa de McCarthy es ardua, concisa, casi telegráfica, y recorrer página a página es como transitar por un camino lleno de baches que nos hace rechinar los dientes (y también el ánimo y el alma), estilo que se aviene como un guante el tema del libro: un padre y un hijo tratando de sobrevivir en un mundo desolado y posnuclear. El libro no tiene nada de épica scifi. Es como un diario de viaje, que narra el micromundo de la supervivencia diaria, de la angustia de ese padre que teme no poder ver crecer a su hijo.
No abundo más en la trama, para no molestar la experiencia de aquellos que aun lo tengan en la lista de pendientes.
El sábado, encontré en la revista Ñ de Clarín un artículo escrito por Joe Penhall, el guionista de la versión cinematográfica de La Carretera, protagonizada por Viggo Mortensen y Robert Duvall, pronta  estrenarse en nuestro país, y circulando desde hace algún tiempo en la web.
Penhall relata un día muy particular en su vida: aquel en que McCarthy, ermitaño de la talla del recientemente fallecido Salinger, se avino a ver la copia  final de la versión cinematográfica de su libro junto al guionista y a John Hillcoat, el director.
De inmediato, se destaca en el artículo el respeto (y casi, el miedo) que la visita despierta en Penhall. Como "traductor", la opinión de McCarthy se vuele de enorme peso para él. "Sabíamos que solamente la bendición  de McCarthy nos permitiría estrenar una película con la que estuviéramos conformes", dice Penhall al principio del artículo.
A lo largo de la visualización del film, relata Penhall, McCarthy  no paró de tomar notas. Luego de "caído el telón", se excuso para ir al baño, quizá como forma de crear suspenso, y solo a su regreso dió veredicto: "Es muy buena, potente, una película como ninguna que haya visto". Más allá de las apreciaciones obviamente subjetivas del escritor, lo más sabroso continuó luego, con una salida a comer de los tres.
"Lo primero que dijo sobre la película es que le gustaba la voz en off", cuenta Penhall. "Esto había sido una fuente de conflicto por mucho tiempo. Inicialmente, yo la quería para capturar el estilo de prosa de McCarthy, pero Hillcoat no. Después, una vez filmada, los productores pidieron la voz en off. Cuando finalmente me senté en un hotel de Sunset Strip para terminar de escribirlo, con ocho personas preocupadísimas en llamada de conferencia opinando sobre cada palabra, el voiceover parecía destinado al fracaso. Ahora nos lo había aprobado el autor mismo".
"A la mañana siguiente, a las ocho en punto, aparecieron en el fax cuatro páginas tipiadas de notas transcritas por McCarthy de su cuaderno de reportero", finaliza Penhall. "Hillcoat había cortado lo que tal vez era el dialogo más emocionante de la película: '¿Qué harías si yo muriera?' le pregunta el niño a su padre. 'Quisiera morir yo también', contesta el padre, con la ternura salvaje que caracteriza al libro. 'Este intercambio', insistió McCarthy con modestia, 'es importante'. Hillcoat rápidamente la restituyó".
Para terminar, encontré especialmente interesante otro párrafo de la nota, dedicado a las motivaciones. A lo largo del almuerzo que compartieron, "por supuesto, hablamos de John, su amado hijo que inspiró tanto de La carretera", cuenta Penhall."Nació cuando McCarthy tenía casi 70 años, su mayor premio llegado tan tarde. Un creciente temor a la muerte y de qué significará para John es lo que motivó en Cormac La carretera. Yo había comenzado mi guión poco después de que murió mi padre y estaba identificándome con el hijo de la novela. Pero cuando empezamos a editar la película, mi mujer estaba embarazada y comencé a identificarme más con el padre, quien –mientras el mundo se quema– va perdiendo las esperanzas de ver su hijo crecer". 
Creo que aquí se delata algo importante: por un lado, el necesario respeto hacia un autor cuando nos ocupamos de una adaptación; por otro, lo necesario que es que nos involucremos en el material desde un punto de vista propio, particular, y por lo menos igual de movilizante que aquel que pudo tener la persona que escribió el texto original.
Les recomiendo el texto completo de la nota, que no tiene desperdicio, y por supuesto, la novela de McCarthy. Veremos que nos suma la película cuando se estrene.


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viernes, 5 de febrero de 2010

ESC.75 EXT. COLABORADORES EN PAPEL -- DÍA

En los últimos dos meses, ha salido una cantidad de material importante sobre Ciega a Citas. Aunque estamos en un canal público, Clarín, el Gran Diario Argentino de Oposición (o eso dice el gobierno al menos), saca constantemente información sobre lo que va sucediendo en el programa. Lo mismo los  sites de Internet dedicados a espectáculos, y también otros medios gráficos.
Marta Betoldi, la autora de Citas, viene tratando de que mencionen en dichas notas al resto del equipo. Ella está convencida de que la forma en la que trabajamos, merece ser mencionada, y por tanto el resto del equipo autoral que la acompaña. Porque, justamente, la propuesta es que cada uno de los miembros del grupo trabaje como autor, haciéndose cargo de su material no como un "subalterno", digamos, sino como un autor con plena libertad (y responsabilidad), sobre el material.
Marta no tuvo mucha suerte en lograr que esto se reflejara. Tres veces nos mencionó, en distintas notas para distintos medios, y tres veces nos pasaron por alto, sea por cuestiones de espacio... u otras.
Finalmente, hoy en el suplemento Las 12, de Página 12, salió una nota muy cuidada sobre el fenómeno del programa, escrita por Moira Soto, donde se entrevista tanto a Marta como a Muriel Santa Ana.
No solo la nota se detiene en analizar el proceso de trabajo, lo que se quiere intentar (básicamente, cruzar el lenguaje sitcom con el formato tira), sino que, en el último párrafo, se mencionan a todos los integrantes del equipo.
Creo que es un logro importante. Primero, que se le de un lugar al autor, que se lo reconozca por su importancia real dentro del proceso de creación televisiva. Segundo, que se le de reconocimiento a la gente que apoya al autor en este desafío.
Gracias a Marta por insistir, y a Moira Soto por "imprimir".
A los que les interese, pueden leer la nota haciendo click sobre la imagen aquí abajo.
Buen fin de semana para todos!

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martes, 2 de febrero de 2010

ESC.74 EXT. ISLA OCULTA -- DÍA

El final es el principio es el final (Smashing Pumpkins dixit). Me parece apropiado como cita para el estreno televisivo de hoy. En Estados Unidos, por lo menos; aquí tenemos que esperar una semana más, hasta el martes 9 de febrero a las 21 horas. Estoy hablando del primer episodio de la temporada final de LOST, la serie fenómeno de JJ. Abrams.
Una de las cuestiones más debatidas respecto del final de LOST, es si estará a la altura del resto de las serie; más particularmente, del misterio planteado desde el origen. Lindelof y Cuse, los productores, ya deslizaron en una entrevista que no todos los misterios serán resueltos: consideran apropiado que algunas cosas queden sin explicación. ¿Apropiado o necesario? Solo ellos lo saben realmente.
LOST se asemeja, en varios niveles, a The X Files, la serie de culto de los 90 por excelencia. Luego de 9 temporadas y una película, la "mitología" del programa era tan densa, que pretender explicar todo lo visto era casi imposible. Entonces, la serie jugó con las trampas de la memoria, con los saltos de fe, y con los golpes de efecto consistentes en patear la pelota hacia adelante: en cierta fecha de 2012 llegaría la invasión alienígena... ¿para qué preocuparse por el resto?
Como televidentes, muchas veces exigimos conocer todas las respuestas. Pero ¿sabemos todas las preguntas? Creo que muchos discursos de ficción apuntan a esta "debilidad" no solo en nuestra memoria, sino en nuestra capacidad de atención, y, más que nada, en la forma en que vemos televisión, como construimos lazos con la historia pero, sobre todo, con los personajes.
En este sentido, me viene a le mente una comparación que a muchos puede parecerles hereje. En 2006 tuve la oportunidad de escribir una telenovela para Rumania. Tenía componentes de misterio, incluso sobrenaturales, acompañando como guarnición a una historia antes que nada de amor, pero también policial. La telenovela llegó a sumar 160 capítulos, y la cantidad de cabos sueltos que quedaron de tamaña cantidad de horas de televisión fueron considerables. Algunos fueron decisiones. Otros, omisiones. Varios, olvidos. ¿Cómo resolver el "apilamiento" de situaciones necesarias para sostener un relato así? Una película tiene, normalmente, dos turning points. Un capítulo de televisión, tantos como cortes tenga, sin contar el del final del capítulo. Situación sobre situación sobre situación. Impacto sobre impacto sobre impacto. Misterios, dudas, cambios de bando, amores cruzados, traiciones, planes imposibles, puertas que se abren constantemente revelando sorpresas. Les aseguro que resolver todo aquello para que cierre el final es prácticamente imposible.
E innecesario en un punto.
Hay algunas preguntas medulares que uno necesita que LOST responda. ¿Fue el destino o quien llevó a los protagonistas a la Isla (lo que trae otra pregunta: qué significa "destino" dentro de la serie? ¿Richad Alpert llegó en el Black Rock... cuál es su verdadero lugar en la historia? ¿Quién es Jacob y su misteriosa némesis, el hombre de negro? ¿De qué civilización son las ruinas que hay en la isla?
Bueno, no tiene mucho sentido hacer una lista extensiva.
Pero hay otro nivel de preguntas importantes: ¿Jack y Kate lograrán estar juntos definitivamente? ¿Sawyer encontrará la forma de expiar los pecados que lo atormentan? ¿Jin y Sun se reunirán? ¿Regresará Charley de la muerte?
Preguntas relacionadas con las empatías que hemos construido. Porque un programa puede tener grandes misterios, pero si no genera empatías con los personajes, esos misterios están muertos.
La resolución de LOST no puede ser sino frustrante para aquellos que se han dedicado a compilar hechos, fechas, relaciones, misterios, etc.
Para disfrutar del final de la serie, hay que poder reconocer su verdadero logro; que no es haber encontrado una historia original (aunque no le falte mérito en este sentido), sino haber profundizado sobre una forma diferente de contar. LOST representa el triunfo del continente sobre el contenido; o pensándolo un poco más, quizá el triunfo sea haber logrado que contenido y continente se amalgamaran en una fórmula única.
De todas formas, son solo ideas. Una de las fortaleza de LOST es no poder ser reducido a una simple fórmula. LOST es más que la suma de sus elementos. Es un programa vivo, lleno de magia.
Y como suele suceder en los espectáculos de magia, el disfrute no está en saber cómo fue hecho el truco.
Eso no lo sabremos nunca. Solo nos queda dejarnos iluminar por la posibilidad de lo increíble.
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