lunes, 14 de septiembre de 2009

ESC.13 INT.EXT. CONTROL CREATIVO -- DÍA

La lucha por el control creativo de un programa no es una cuestión de capricho ni de ego. Se trata de ser capaz de tomas las decisiones correctas sobre un material que los autores conocemos mejor que nadie: lo hemos parido, total o parcialmente, conocemos su dinámica, sus fortalezas y debilidades, y somos en última instancia los que defendemos el fuerte día a día o semana a semana.
La ficción televisiva es un terreno de guionistas. A diferencia del cine, donde el peso del director es mucho mayor, en televisión, por una cuestión de estructura, tiempos y costos, entre otros, el autor es el eje sobre el que giran las producciones. En menor medida en los unitarios (donde hay más tiempo para que ejerzan influencia otras instancias creativas), y de manera casi total en las telenovelas. Y sin embargo, en la Argentina la ficción es patrimonio de los productores; los autores son empleados muy bien pagos, pero nada más.
En los Estados Unidos se ha ido dando otro fenómeno: la industria de la televisión le ha abierto las puertas a los autores para que puedan desarrollar sus pitches, y luego transformarse en productores ejecutivos de sus propios programas. El control creativo recide en sus manos, con el apoyo del resto de los estamentos: directores, cadenas, actores, etc. Creadores de series multipremiadas y de enorme rating como Marc Cherry (Amas de casa desesperadas) Shonda Rhimes (Grey's Anatomy), J.J. Abrams (Felicity, Alias, Lost) o Tim Kring (Crossing Jordan, Heroes), se formaron y se mantienen como guionistas primero (escriben los primeros capítulos y luego mantienen un control sobre el desarrollo del resto de los libros de cada temporada, reservándose la escritura de episodios clave), y luego como productores ejecutivos (lo que significa controlar creativamente todo el proceso, sin cargar con el trabajo del día a día: para eso están los productores a secas).
Están preparados (y dispuestos) a hacerlo, claro: en la Argentina, no son muchos los autores interesados en cargarse sobre la espalda el peso de ser productores ejecutivos. Pero, por otra parte, tampoco tienen demasiadas oportunidades de hacerlo. No se trata solo de que los canales no les den la oportunidad; intentar reunir el dinero suficiente como para crear un piloto (lo digo por experiencia propia), es un trabajo casi imposible (muchos de los que lo hacen, arriesgan su patrimonio personal, cosa que no veo como algo justo); y en el caso de hacerlo, las chances de poder negociar un contrato donde retengan el control creativo, son escasas.
Es una verdad de perogrullo: los mercados televisivos de Estados Unidos y Argentina son diametralmente opuestos. Sin embargo, teniendo en cuenta los resultados, permitir que los autores se conviertan en productores ejecutivos aparenta ser un negocio exitoso.
Quizá algún día podamos probar si esta fórmula resulta aquí también.

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