martes, 20 de octubre de 2009

ESC.42 INT. DIVÁN -- NOCHE

Estaba de vuelta en lo que considero mi segunda ciudad natal, San Martín de los Andes (natal en cuanto a lo que cambio mi vida estando ahí, lo que significó en relación a quien soy hoy). Seguramente era invierno, por la sensación de encierro y noche permanente. La ciudad estaba extrañamente vacía. Para mí, era como un laberinto. Un microcosmos en el cuál no encontraba escapatoria para alejarme de mi perseguidor. El asesino serial.
No hay nada más horrible que correr y correr y no poder nunca huir. El agotamiento, la desolación, hacen presa de la víctima, que empieza a desear ser atrapada.
Pero a último momento, el instinto la lleva a continuar corriendo. Aunque sea una misión sin esperanza.
Me desperté bastante cargado de la pesadilla. Dicen que este tipo de sueños persecutorios son bastante comunes, con distintas variantes, en mucha gente. Pobre consuelo.
Esa mañana tenía terapia, así que fue lo primero que comenté cuando empezó la sección. Recordé algunos sueños familiares, recurrentes, de mi infancia, y traté de relacionarlos con la pesadilla.
Pero el terapeuta no le hizo caso a mi freudianismo. Para él, el origen del sueño estaba encerrado en un juego de palabras.
Asesino serial. Asesino de series.
Inconsciente gracioso.
¿Cuánta angustia puede experimentar alguien cuando le bloquean el trabajo? ¿Tanta como para tener una pesadilla sobre eso? Aparentemente, sí. A mí, por lo menos, me puede llegar a pasar.
El asesino de series era una persona con la que estaba trabajando en ese momento. Un tipo dedicado a exigir sin ser claro sobre lo que quiere, y a criticar y descartar todo lo que se le presenta. Alguien instalado en lo que yo llamo "hacé, pero no hagas".
El objetivo inconsciente de esta gente es colocar al resto en una situación imposible de resolver, para quedar como los únicos que pueden resolverla. O bien, gustan de psicopatear a los demás por el solo gusto de hacerlo, sin importar si se hace o no el trabajo.
La recomendación de mi terapeuta fue que dejara de poner tanto en aquel proyecto, para dejar de vivir como un "asesinato" cada página bombardeada por este hombre.
Tenía razón. A veces, no hay que involucrarse tanto. Escribir apasiona, pero si es una pasión destructiva, hay que ponerle remedio. Sino, se transforma en mal karma.
Y eso sí que no se puede permitir.

2 comentarios:

bloggeando dijo...

Al respecto, el mismo psicoanálisis enseña que mediando está el dinero. Habrá que ver si el crimen paga o no paga. Si uno escribe para que el otro apruebe, o para que pague. (Perdón, pero en algún momento de mi vida convivieron en mí el guionista y el psicoanalista... No podía evitar un pequeño comentario).

Marcelo Cabrera dijo...

La aprobación del otro es siempre importante, no solo por el juicio de valor que se establece sobre uno (hay quienes son más vulnerables a esto), sino porque esa aprobación, como decís, puede impactar sobre la cuestión económica En mi caso, hay un poco de cada uno, pero más que nada tengo una relación muy estrecha con lo que escribo, y las interferencias desde la locura del otro me rompen bastante e incluso se me hacen insalubres. Ahí tenes, un poco de mí para el psicoanalista que aun vive en vos. Slds!