lunes, 16 de noviembre de 2009

ESC.58 EXT. CABA, PCIA. DE BUENOS AIRES, MÉXICO - DÍA


Últimamente, todos los autores que conozco están presentando algún proyecto en México. Sea en Televisa o en TV Azteca, según la "suerte" del susodicho. No importa. Nuevos proyectos, viejos proyectos desempolvados, programas que se parecen a, incluso historias que aquí nadie se atrevería a presentarle a un canal o productora por lo completamente dementes que pueden parecer, están yendo a parar a los escritorios de los ejecutivos mexicanos.
Algunos incluso han sido citados al DF para conversar sobre sus proyectos, sin que esto signifique que el trato está cerrado, claro; con los mexicanos no se sabe a qué atenerse hasta que el contrato está firmado y sellado por triplicado (por lo menos, estos viajes son de todo menos aburridos: a un colega le enviaron un par de señoritas a su habitación, generosa oferta que fue declinada en pro de la lucha contra el meretrismo).
Okey, ya sabemos que Argentina se ha convertido en uno de los exportadores principales de formatos y latas del mundo y blablabla (léase blablabla como: los autores son los que menos están ganando con este boom que ellos mismos han motorizado). Sin embargo, este hambre mutuo que se ha despertado entre los autores argentinos y los empresarios mexicanos, no deja de sorprenderme (aun cuando participo de él).
Leí por ahí que esta fiebre empezó años atrás con el éxito en la pantalla de aquel país de novelas como Amor en custodia y Los Sánchez (versión mexicana de Los Roldan). Luego vino Montecristo, Campeones de la Vida, Amor Mío, Yago Pasión Morena, entre otras. No todas han sido exitosas. Sin embargo, tuvieron el efecto de atraer la atención de los productores mexicanos hacia los autores de aquellas tiras, y luego hacia los autores en general.
Lo que noto como algo positivo/negativo es la voracidad de ese mercado.
Positiva en el sentido de que representa una fuente de trabajo importante, algo que no puede ser dejado de lado en vistas del achicamiento del mercado local.
Negativa, y esto no es una certeza, sino una duda, en cuanto a que el efecto de la forma de trabajar de los mexicanos pueda resentir la identidad que hemos sabido construir como cuerpo de autores.
Luego de ver como un gran autor argentino escribía para México una telenovela que es un absoluto disparate, tanto conceptualmente como en su desarrollo, empecé a preocuparme. No podía creer que esa pluma produjera esa historia. La forma de trabajo que le imponían los mexicanos acentuaba esa brecha. Aparentemente, a ese autor no le importaba el tema: cobrar el suculento cheque alcanzaba para dejar tranquila su conciencia profesional.
Los mexicanos son verdaderos fabricantes de telenovelas, con todo lo que el termino fabricante implica. No hay una "tarea de amor" involucrada en el proceso (que creo es uno de los diferenciales argentinos). Solo quieren producir, producir y producir, aunque eso signifique hacer escribir novelas que no se grabarán nunca.
No sé qué ha pasado con los autores de aquel país, o qué opinarán de la "invasión" argentina, aunque me lo imagino pensando en cómo nos sentiríamos nosotros si aquí cayeran de golpe una veintena de escritores de allá dispuestos a "copar la parada".
Lo que sé es que corremos cierto peligro: mientras forramos nuestras billeteras, podemos ser fagocitados por el monstruo azteca.
Facturemos, pero tengamos cuidado.