lunes, 5 de julio de 2010

ESC.118 EXT. ESCRITORES GUIONISTAS -- DÍA

No sé si será porque genera en mí una suerte de identificación, en relación con algo de mi niñez, pero cada vez que encuentro About a Boy en cable, me quedo viéndola. Más allá de freudianismos, creo que la principal atracción de la película es el guión, con el que Peter Hedges y Chris y Paul Weitz (también directores del film) reflejan excelentemente el mundo del escritor Nick Hornby, autor de la novela del mismo nombre y uno de mis escritores preferidos. Dos años antes, ya me había fascinado High Fidelity, de Stephen Frears, basada en otro libro de Hornby. La exitosa relación de Hornby con el cine (que ya incluía un guión de su propia mano, Fever Pitch, de 1997), ha dado un paso evolutivo: Hornby ha escrito el guión original de An Education, por el cual estuvo nominado al Oscar en la útima entrega de este premio.
En la versión online del diario español Público, se reproduce un escrito donde el propio Hornby reflexiona sobre su experiencia como guionista. Reproduzco a continuación algunos fragmentos de la nota, que me parecen muy interesantes... y que además reflejan el humor y la prosa de Hornby.

Desde el momento en que terminé de leer el maravilloso ensayo autobiográfico de Lynn Barber en Granta -donde cuenta su romance, a principios de los años 60, con un hombre mayor que ella de dudosa reputación-, supe que tenía todos los ingredientes para una película. Había personajes memorables, una vívida sensación del tiempo y del lugar -una Inglaterra que se hallaba en la cúspide de un profundo cambio- una mezcla inusual de alta comedia y profunda tristeza, y una manera fresca de tratar temas como las clases sociales, la ambición y la relación entre padres e hijos. Mi mujer, Amanda, es productora de cine independiente, así que le di a leer el ensayo, y ella junto con su colega Finola Dwyer se decidieron a comprar los derechos. Cuando empezaron a hablar acerca de posibles guionistas para el proyecto, me di cuenta de que quería hacerlo yo, un deseo que me sorprendió y para el que no estaba completamente dispuesto. Como casi todos los novelistas que conozco, tengo una relación bastante complicada y habitualmente insatisfactoria con la escritura de guiones. Desde que se publicara mi primer libro, Fever Pitch, siempre he tenido algún proyecto de guión en marcha. Hice la adaptación para la pantalla de "Fever Pitch", y eventualmente se hizo la película. Desde entonces he tenido al menos otros tres proyectos, un par de originales y una adaptación, que terminaron siendo un fracaso, o al menos, no dieron por resultado un producto final, lo que es lo mismo.
El principal problema con la escritura de guiones es que, la mayor parte del tiempo, parece no tener sentido, especialmente cuando se lo compara con lo relativamente directo que resulta ser la publicación de un libro: las probabilidades de que una película, cualquier película, se haga son sencillamente muy pocas. Una vez que te estableces como novelista, la gente está bastante predispuesta a la idea de publicar tus libros. Por supuesto que tu editor te sugiere la manera en que puedes mejorarlos, pero en general, la idea es que tarde o temprano tus libros terminarán en una librería, disponibles a la venta. El cine, sin embargo, no funciona de esa forma, fundamentalmente porque incluso una película de bajo presupuesto necesita varios millones de libras para poder hacerse, y por consecuencia, no existe ningún guionista vivo, no importa lo muy establecido que se encuentre en su profesión, que escriba con la seguridad de saber que su trabajo será llevado a la pantalla. Mucha gente se gana la vida decentemente escribiendo guiones, pero no es exactamente lo mismo, por regla general, calculo que existe un 10% de probabilidades de que una película entre en fase de producción, especialmente si se trabaja fuera de los grandes estudios, como hace y debería hacer todo guionista británico. Sé por mi relación con Amanda, Finola y otros amigos que trabajan en la industria, que Londres está inundada de libros con derechos, guiones y tratamientos de guión a la espera de un dinero que nunca llega para poder ser desarrollados.
¿Para qué molestarse entonces? ¿Para qué dedicar tres, cuatro o cinco años a escribir y reescribir un guión que probablemente jamás se convertirá en una película?                                        

Para mí, la primera razón para volver a incursionar en este mundo doloroso de rechazo y decepción fue el deseo de trabajar en equipo: paso la mayor parte de mi día trabajando solo, y no soy antisocial por naturaleza. Trabajar en An Education inicialmente me brindaba la posibilidad de sentarme con Amanda, Finola y Lynn a hablar del proyecto como si algún día fuera a realizarse, y más tarde, tuve charlas similares con directores, actores y la gente de BBC Films. La vida de un novelista está desprovista de reuniones, pero la gente que tiene trabajos de verdad está reunida todo el tiempo. Sospecho que gran parte del atractivo del cine, no es solo la oportunidad de trabajar en equipo, sino la ilusión de tener un trabajo como los demás, con colegas y citas, con tazas de café con platitos y galletas que fueron compradas por otros. Y existe un mayor atractivo aún: si las cosas se ponen en marcha, la diversión, la vitalidad, el glamour y la emoción que provocan jamás la pueden suscitar, por mucho que se empeñen, los pobres viejos libros. Incluso antes de que el filme se estrenase, fuimos con él al Festival de Sundance en UTA y al de Berlín. Y me he hecho amigo de muchos actores de la película, quienes, por definición, son mucho más guapos que el resto de nosotros... ¿Qué puede tener la literatura en comparación?
Escribí el primer borrador de An Education por si las moscas, allá por 2004, y mientras lo hacía, pude ver algunos de los problemas que tendría que resolver si el ensayo original fuese a ser llevado realmente a la pantalla. Por supuesto, los problemas no tenían que ver con el ensayo en sí mismo, que contenía todo lo que una memoria tiene que tener. Pero por su propia naturaleza, las memorias presentan un desafío, porque reúnen toda la sabiduría que un adulto ha podido lograr para mirar hacia atrás, para analizar una época de su vida. Casi todos con los años nos convertimos en más sabios, razón por la cual podemos ver un patrón y un sentido en un episodio autobiográfico, un patrón y un sentido que no pudimos ver en ese momento. Los que escriben la memoria lo saben todo, pero la gente de la que escriben, esa gente, sabe muy poco, casi nada.
Con el tiempo nos convertimos en alguien diferente, además de más sabios somos más articulados, más cínicos, menos inocentes, más o menos comprensivos (dependiendo cómo nos hayan ido las cosas). La Lynn Barber que escribió las memorias -una famosa periodista, conocida por sus perfiles de celebridades perspicaces, graciosos y en ocasiones devastadores- no debería ser percibida en la voz del personaje central de nuestra película, especialmente porque, tal como lo dice Lynn en su ensayo, las experiencias que ella describe fueron las que dieron forma a la mujer que conocemos. En otras palabras, no existió ‘Lynn Barber' hasta que ella recibió la educación que da título al ensayo. Esto suena tan obvio que es casi una banalidad: una joven de 16 años debe sonar distinta a la persona que es a los 60. Lo que tal vez es menos obvia, es la forma en el que el "yo" de los 60 se filtra en cada una de las pinceladas que da vida al autorretrato de una memoria. En ocasiones, incluso el diálogo que Lynn pone en boca de la versión más joven de ella misma -perfectamente convincente sobre el papel- sonaba demasiado curtido por la vida cuando se pensaba en una persona real, en una joven actriz que dijera esas palabras. De alguna manera ya había pasado por eso, con la adaptación de Fever Pitch. En una memoria uno trata de ser lo más listo posible en cuanto a la versión más joven de uno mismo, es de lo que trata el género, y es lo que Lynn hizo. Pero en un guión hay que negarle al sujeto ese conocimiento, porque sino no hay drama, simplemente tenemos a un personaje que se entiende a sí mismo y elude las equivocaciones.
Otro gran problema era el final. Lynn Barber casi tira toda su vida por la borda, casi pierde la oportunidad de entrar a la Universidad, casi no se presenta a los exámenes. Y a pesar de que el poder del final de muchas películas deriva del hecho de salvarse por los pelos, estos tienden a ser un poco más fascinantes: la bala casi mata al héroe, un meteoro casi destruye nuestro planeta, etc. Iba a ser difícil que a la gente le importara si una joven entraba o no a Oxford, no importa cuan inteligente fuera. Lynn se convirtió en Jenny después del primer o segundo borrador; existían algunas razones prácticas para el cambio, me ayudó a pensar en el personaje que estaba creando en lugar del que ya existía y había escrito las memorias: pude intentar elevar la apuesta por Jenny, en caso contrario, si ella hubiera continuado siendo Lynn, me hubiera sentido obligado a atenerme más a los hechos.
Algunas historias tienen significado, otras no. Siempre tuve claro que esta lo tenía, pero no estaba muy seguro de que el significado que las cosas tenían para mí, tuvieran o pudieran tener el mismo significado para Lynn: ella, por ejemplo, encontró en este capítulo de su vida todo tipo de claves importantes para su futuro, pero yo no podía preocuparme por el futuro de mi personaje. Tenía que preocuparme por el presente de mi personaje, y lo que ese presente podía transmitir al público. Necesité muchos borradores para poder recorrer tan solo la mitad de ese camino. 

.
.

3 comentarios:

Nosferatu dijo...

Hola. Te invito que conozcas nuestro blog sobre cine de terror. El mismo es editado desde Uruguay.

Excelente tu blog. Saludos desde la otra orilla.

www.terrorifilo.blogspot.com
http://twitter.com/Terrorifilo

LANGUAGE III 3rd D JVG dijo...

Muy interesantes! Mis alumnos de Lengua Inglesa del ISP Joaquin V Gonzales y de Traductorado dec UB han leído "A Long Way Down". Les recomiendo tu blog y esta entrada. Gracias.
Analía Kandel

Marcelo Cabrera dijo...

Nosferatu, pongo tu blog en la columna de links recomendados, está muy bueno! Slds!

Analía, gracias por recomendarme con tus alumnos, es un honor! Un beso!