miércoles, 28 de abril de 2010

ESC.94 EXT. HERMANOS -- DÍA

Cuando fui a ver In the name of the father al cine, allá por 1993, sabía poco sobre su director, el irlandés Jim Sheridan. Fui al cine atraído por Daniel Day Lewis, a quien había aprendido a admirar en The Last of the MohicansThe Unbearable Lightness of Being, y por la banda de sonido de la película, que incluía excelentes canciones originales de Bono y Sinead O`Connor. Tenía, claro, el dato de que la dupla director/actor se las traía: Day Lewis había ganado el Oscar al mejor actor de la mano de Sheridan por My Left Foot, film que a su vez había estado nominado a mejor película, mejor director y mejor guión adaptado. Esperaba que, en su segundo intento juntos, estuvieran a la misma altura.
Y lo estuvieron, claro. In the name of the father terminó de cimentar mi admiración por Jim Sheridan, director que me ha llevado por un gran viaje emocional a lo largo de las últimas dos décadas. 


El viaje acaba de sumar una nueva etapa con el estreno de Brothers, su última (y gran) película. 
Brothers, cuenta la historia de dos hombres, el estable y patriota Capitán Sam Cahill (Tobey Maguire), y su díscolo hermano menor, Tommy Cahill (Jake Gyllenhaal), que acaba de salir de la cárcel. A poco de que Tommy recupera su libertad, Sam retorna a Afganistán para una nueva ronda con el ejército. Su mujer, Grace (Natalie Portman), queda sola con sus dos hijas, protegida por sus suegros, Hank (inmenso Sam Sheppard) y Elsie. Poco después de llegar a Afganistán, el helicóptero de Sam es derribado y él es dado por muerto, cuando en realidad ha sido capturado por el enemigo. A partir de aquí, se desarrollan tres historias paralelas de supervivencia: la de Sam frente a sus enemigos, la de Gracie frente a la pérdida de su marido, y la de Tommy frente a sus defectos, buscando convertirse en un mejor hombre para cuidar de Gracie y sus sobrinas. Cuando Sam vuelva a casa, cargando el peso de lo que ha tenido que hacer para sobrevivir, las tres historias colisionarán dramáticamente (en el mejor sentido de la palabra). Lo que en otras manos podría haberse convertido en un drama previsible, sino barato, bajo la mirada de Sheridan toma una dimensión humanista, conmovedora.


Sheridan no solo es un cineasta increíble, desafiante, sino que ha escrito o co-escrito la mayoría de sus películas, con lo cuál podemos usar los mismos adjetivos sobre su calidad como guionista.
Casi siempre influido por situaciones altamente realistas, ficcionales o no (la vida del pintor Christy Brown, aquejado de parálisis cerebral; las injusticias del gobierno británico, en el caso de In the Name of the Father; la lucha por la tierra en The Field; las luchas intestinas dentro del IRA en The Boxer; las penurias de los inmigrantes modernos en In America), Sheridan estructura sus guiones poniendo a sus personajes, siempre ricamente dibujados, frente a enormes obstáculos. No enormes como desproporcionados, como manipulados, sino basados en la observación de la realidad: para mucha gente, el mundo moderno es un campo minado, y atravesarlo tiene sus costos.


A pesar de que la visión pristina de Sheridan lo acerca a la tragedia ("living is tragic with eyes open", parafraseando a Lennon), su enorme sentido de la esperanza lo lleva a contar historias donde los personajes siempre superan los obstáculos a los que se enfrentan. No los superan de manera edulcorada, claro: cuando Sam Cahill logra comenzar a superar lo que ha tenido que hacer para volver con Grace, su vida ha cambiado diametralmente; cuando Gerry Conlon consigue su libertad, debe vivir con el peso de la muerte de su padre en prisión. Sin embargo, siempre hay una luz de esperanza. Realista, dura, hiriente, pero luz al fin.


En sus guiones, Sheridan no permite que sus personajes persigan el "aroma" de la tragedia hacia un final melodramático, ni los hace víctimas de un trama, sino que los coloca sobre un escenario fuertemente impregnado por la realidad, y deja que la vida actúe sobre ellos, acompañándolos dramáticamente hacia donde su propia inercia los lleva. Y, sin embargo, en ningún momento pierde el sentido de trama. Por decirlo de alguna manera, la dramaturgia de Sheridan se construye de adentro-hacia-afuera, pero alimentándose constantemente de un feedback afuera-hacia-adentro.
De esta forma, sus guiones nunca son artificiosos ni se basan en diagramas a lo Comparato: son animales vivos, que respiran profundamente cada vez que ponemos a andar las películas.
En este sentido, vale un comentario que Sheridan recopilado en el libro Screencraft Screenwriting:

Los guionistas deberían escribir sobre temas más candentes e intentar entenderse mejor a sí mismos y a su historia, y dejar de empeñarse en seguir viviendo del sistema. Me incluyo a mí mismo en esa crítica. Porque todo lo que he comentado sobre la estructura, en el fondo no sirve de nada sin creatividad. La estructura de tres actos es el Big Mac del mundo del cine.

Lo que no es poco decir.
Brothers sigue en cartel. No se la pierdan.


.
.