lunes, 27 de diciembre de 2010

ESC.176 INT. DECORADOS ACALORADOS -- DÍA

El 24 de salió publicada en Clarín una nueva nota sobre Los Únicos, la nueva tira de Pol-ka en la que estoy trabajando. La nota es un registro del primer día de grabación en interiores. Justamente la semana pasada había estado con todo el equipos autoral visitando el set donde se va a desarrollar la mayor parte del acción en interiores. Nos encanto. Particularmente, vi que buscaron darle un tono sesentista a ese cuartel que servirá como base para el escuadrón de los Únicos: como si se quisiera traer a cuento algo del espíritu de series como El Agente de Cipol o Misión:Imposible. Y creo que esto ayuda a establecer in cierto tono camp, en equilibrio con elementos de alta tecnología y códigos de espionaje más modernos y más cercanos, por ejemplo, a series como la americana Alias. Incluyendo, por supuesto (y Alias también tenia algo de esto) la veta telenovelesca, melodramática se si quiere. Estamos confiados en darle en la tecla a tan compleja nota.
Pero volviendo a la crónica publicada en Clarín, una vez mas me encontré con algo muy común: la no mención de los autores. Creo que ya he hablado de esto, así que no voy a profundizar demasiado en el tema. La anécdota aquí es que, ya qe figuraba el mail del periodista, le escribí haciéndole notar el tema y buscando reforzar el concepto "sin autor no hay obra". A diferencia de muchos otros casos, el periodista me respondió que tenia razón, que debería habernos mencionado. Un autentico acto de profesionalismo de su parte, que agradezco.
Ojalá muchos otros de sus colegas tomen ejemplo.
Para terminar, les copio la nota. Agregando que el programa esta escrito por Pablo Junovich, Mariano Vera, Cecilia Guerty, Gisela Benenzon, Guillermo Hermida y un servidor.




"Los Unicos": la intimidad de una brigada especial
24.12.2010 | Por Gaspar Zimerman 
Tres opciones urbanas para combatir el calor: meterse en un cine, un shopping o un estudio de televisión. Denominador común: el rabioso aire acondicionado. Pero puede fallar: en el estudio de Pol-ka, el termómetro compite mercurio a mercurio con el de la calle. “Trabajé acá por última vez en el 2004, y el aire acondicionado andaba”, evoca Nicolás Vázquez, cual Arturo Bonín en Yo fui testigo , pero sonriente y campechano, y agrega: “Ya me prometieron que lo van a arreglar”. La conversación climática transcurre en un alto de la grabación de Los únicos , la nueva ficción que saldrá por El Trece “próximamente” o “muy pronto”: es decir, en algún momento del verano. La tira empezó a grabarse el lunes, pero el miércoles fue la primera vez que se grabaron interiores, y con la mayoría de los protagonistas reunidos.
Y si están reunidos es porque los juntó Arnaldo André, en este caso Alfredo Monterrey, un filántropo “quien -nos dice la gacetilla de prensa- dedica su vida a la conformación y puesta en marcha de estos equipos en diferentes lugares del planeta y está al mando, además, de las operaciones”. ¿A qué se refiere con “estos equipos”? “ Los únicos es una unidad especial y secreta de agentes, que se enfrenta al mal en pos del bienestar general de la humanidad”. ¿Algo más? “Los agentes únicos poseen dones especiales que los destacan del resto de los mortales y por eso han sido seleccionados minuciosamente”. Pero ojo, no son superhéroes. Son personas normales con capacidades diferentes... No, perdón, esto es un eufemismo de otra cosa. Bueno, con dones, con habilidades. He aquí, al parecer, un cóctel de X-Men batido con Watchmen , Héroes , Los súper amigos , Brigada A , La liga de los hombres extraordinarios y derivados. Pero repetimos: ojo, no son superhéroes. Que nadie se confunda.
¿Dijimos Los súper amigos ? Ahora estamos en una especie de Salón de la Justicia: el cuartel general de Los únicos -diseñado por la talentosa Liza Gieco, hija de León-, que, como el de los Watchmen , está bajo tierra y tiene un acceso secreto a través del subte. Nuestra guía por este esmerado decorado es Fiorella Agostini, coordinadora de producción de Pol-ka. Acá hay de todo: una cocina con una heladera repleta de bebidas con etiquetas en coreano (para no hacerle publicidad a ninguna marca con la que no haya contrato) y vajilla con una U como logo, un gimnasio con bolsa de arena, duchas, armarios, la oficina de André/Monterrey. Y el salón principal: ahí, sentados en torno a una mesa con forma de U, están Los únicos. Que todavía no lo son, en realidad, porque André/Monterrey está por contarles para qué los convocó. Esta es la escena en cuestión.
Nadie vaya a creer que presenciar una grabación o una filmación tiene algo de excitante. Consiste básicamente en ver a un grupo de gente repetir las mismas palabras, gestos y movimientos una y otra vez, hasta que se escucha una voz divina que parece surgir del cielo mismo y dice: “Listo, queda, terminamos” o algo así. En este caso sería la de Rodolfo Antúnez, alias Tranqui, el director, que está afuera del estudio, observando todo en un batallón de monitores junto a su pandilla de colaboradores. Todavía falta para que el bueno de Tranqui, puro abrazo y sonrisa, pronuncie las palabras mágicas. Por ahora se limita al “vamos de nuevo” y frases por el estilo.
Y hay que ir de nuevo porque alguna lengua se enreda o alguien se tienta y la escena sirve, pero para esos programas de bloopers televisivos. Prueben a decir “esta es una organización independiente sustentada por fondos filantrópicos” trepados a tacos aguja de treinta centímetros y con una sensación térmica infernal a ver si se traban o no. Pobre Claudia Fontán: ella es Soraya Bismarck, la secretaria de André/Monterrey, y tiene que explicarles a los futuros Unicos por qué fueron convocados, diciendo un texto kilométrico que incluye la enumeración de Singapur, Moscú, Copenhague, Madrid y Asunción (otras ciudades donde hay escuadrones de Unicos ). “Soy una mierda, una mierda”, le susurra, risueña y melodramática, a una asistente. “Mañana me echan”.
Mencionamos a una asistente. Hay que decir que aquí hay dos tribus bien marcadas: los actores y el resto. Entre camarógrafos, sonidistas, maquilladoras, apuntadores y demás, hay unas treinta personas en el estudio. La mayoría de los que están detrás de cámara anda con bermudas cargo, musculosa, zapatillas, tal vez gorrito y muy probablemente tatuaje en el muslo: en uno se lee “madre”, otro es la firma del Diego con el diez entre paréntesis y todo, otro es un símbolo tribal de esos que quizá en idioma maorí sean una puteada, pero que se ve lindo. Cuando hay una pausa, las tribus se mezclan, pero no demasiado. Mariano Martínez habla con Griselda Siciliani, la maquilladora corre a reforzar la pintura de Pepe Monje, André repasa el libreto en una silla que, jura, está ubicada en un lugar estratégicamente fresco. Por ahí anda Nicolás Cabré que, en uno de los mayores desafíos actorales de su carrera, tuvo que dejarse crecer la barba durante tres meses para dar look linyera. Después de algunas escenas, podrá afeitársela. La que está contenta con su imagen es Eugenia Tobal: “Por fin me toca un personaje que usa tacos altos. No me los saco más”.
Después de la pausa para tomar el consabido cafecito o, más apropiado para la época, darse una intravenosa de jugo de frutas, todos vuelven al set. Ahora hay que filmar lo mismo, pero desde el otro lado. y la temperatura que no afloja: sí, el de actor es un oficio más sacrificado de lo que muchos creen. Jimena Barón (la esperanzada Hope de Casi ángeles ), empleada de André/Monterrey y encargada de la logística de Los únicos , dirá tres veces más “Disculpe, señor, pero está llegando la persona que faltaba, ¿le abro?”. Julieta Zylberberg seguirá mirando todo desde un costado con expresión aburrida, hasta que -es la secretaria de Monterrey- le toque entrar con unos sobres y decir una línea. Pilar Gamboa, actriz estrella del teatro off -si vieron El pasado es un animal grotesco , la recordarán-, seguirá siendo una espectadora desde dentro de la escena: no tuvo la suerte de que esta vez le tocara parlamento. Gajes de los actores de reparto.
“¡Pepe, por favor, no puedo comer más!”, estalla Cabré. El linyera famélico tiene que despacharse un par de pebetes mientras todo sucede. Pero Monje pifia la salida un par de veces y al ahora barbudo el estómago no le da para seguir repitiendo las escenas. Gajes de los protagonistas. Ahora por el estudio aparecieron los jefes: ahí está Adrián Suar, repartiendo apretones de mano, y Pablo Codevila, observando el panorama desde un costado. Y la escena sigue repitiéndose: otra vez se abrieron las puertas del cuartel general, al mejor estilo Maxwell Smart, y otra vez Siciliani se está despachando con su apresurado texto de campechana made in Chacabuco. Parece que el largo día -arrancaron a las 10 y ya son las 19- no va a terminar, pero en eso Tranqui dice: “Listo, nos vamos a casa”.