martes, 19 de enero de 2010

ESC.72 INT. SERIES '90 -- DÍA

La tapa de la revista Inrockuptibles de enero me atrajo como un zángano a la colmena: en letras grandes, verdes sobre fondo blanco, anunciaba (y prometía) "LOST: EL FINAL". Más abajo, otro título rezaba "La década en series". Segundos después de haber visto esta tapa, la revista estaba en mis manos.
La nota sobre Lost, como suele suceder con tantas otras sobre esta serie-fenómeno, prometía más de lo que entregaba: aunque los creadores dicen que uno puede imaginarse la resolución de la serie viendo su primer capítulo (alguien hizo este ejercicio?), es prácticamente imposible informar en profundidad sobre el final de la serie, ya que no existe suficiente información (o, si se quiere ver desde otro punto de vista, hay un exceso de la misma). La nota, de todos modos, contenía una perla: la existencia de un encargado de continuidad de la serie, un tipo que, como si fuera un personaje de la misma serie, tiene escondidos en un lugar secreto toda la información existente sobre la historia, sus personajes, las vueltas de tuerca, los saltos temporales, etc. El hombre se llama Gregg Nations, y seguramente pasará a ser víctima de múltiples acosos.
El informe "La década en series" me pareció más interesante. Es un repaso sintético pero bien planteado de las mejores series de la década según la revista. Six Feet Under, The Wire, Curb your Enthusiasm, The Office, Dexter, Mad Men, Los Soprano, Weeds / Breaking Bad, 30 Rock, Extras, y las argentinas Okupas y Hermanos y Detectives, son algunas de las series mencionadas.
La nota me hizo repasar algunos nombres de guionistas que se han transformado en productores de sus propias historias: Alan Ball, Tina Fey, Larry David, Matthiew Weiner, David Simon, JJ.Abrams, Ronald D. Moore, Joss Whedon, David Chase, y en el ámbito local, Damián Szifron.
Pensé en compartir con ustedes algunos dichos de estos individuos que he ido recopilando. Sin duda uno puede sentirse identificado con mucho de lo que dicen.

"Entonces trabajaba de coproductor ejecutivo en una serie de televisión (Cybill). Tenía a los personajes y a su mundo metidos en la cabeza desde hacía mucho tiempo, y sólo lo escribí porque... parte de lo que haces en una serie de televisión te divorcia de la conexión emocional con tu trabajo, porque te frena por los motivos más caprichosos. Terminas reescribiéndolo todo porque así es el proceso, y es tan rápido... Ya sabes, rodando un episodio nuevo cada semana, parece de usar y tirar. Me sentía como picando la tarjeta de las horas y no perdiéndome en ningún tipo de conexión pasional con mi trabajo. Así que iba a casa e intentaba escribir la película que yo iría a ver, y también algo que sentía que tenía un significado profundo. La frustración me llevó a escribir American Beauty.(...) Con la película, me han ocurrido cosas maravillosas, pero cuando trabajaba en aquella serie de televisión (Cibyll), donde tenía que tratar con ejecutivos de televisión estúpidos... La verdad es que la vida es bastante equilibrada. Las cosas van muy bien, pero luego siempre hay alguien que te está fastidiando. Digamos que estoy felizmente enfadado."
Alan Ball (luego de ganar el oscar por el guión de American Beauty, pudo realizar sus propias series: la premiada Six Feet Under, y la nueva y visceral True Blood). Fuente: El Mundo.


"En la televisión por aire lo único que se hace es hablar. Creo que un programa debe tener un aspecto visual, cierto sentido del misterio, cabos sueltos. Creo que debería haber sueños, música, tiempos muertos y cosas que no se resuelven. (...) La televisión es prisionera del diálogo y la steady-cam. La gente camina y la cámara la sigue. Parece que tienen algo muy importante entre manos, porque caminan a 25 kilómetros por hora, hablan e intercambian papeles. Ese es el estilo moderno.(...) Prefiero sentarme en la sesión de terapia y hacer una escena de doce minutos. En el programa hay una regla, y es que en la terapia la cámara no se mueve: no avanza, no retrocede ni se mueve hacia los lados. Hice terapia mucho tiempo, y nunca vi moverse una cámara ante mis ojos. Yo quería que todo fuera plano. Quería que el público tuviera que pensar qué era lo importante, que hiciera el mismo trabajo que hacía la Dra. Melfi. (...) ¿Se refiere a si nos desviamos de la trama? ¿Si nos amparamos en la seguridad del programa y apostamos todo a un único chiste? Sí, lo hacemos, a pesar de que se supone que nunca se debe hacer eso. A veces la gente se ríe de todo lo que digo y yo empiezo a pensar: "En parte se ríen porque yo soy el jefe. Es triste. (...) En realidad, escribir Los Soprano es muy fácil, porque todo lo que dicen todos es mentira. Son falsedades, autojustificaciones, racionalizaciones, fantasías y falta de comunicación. Por eso creo que siempre hay un chiste dando vueltas, y es que esa gente no se comunica. Están engañándose, mintiéndose a sí mismos y a los demás todo el tiempo."
David Chase (Los Soprano) Fuente: Clarin 

"Una serie de televisión es una historia sobre un grupo de gente. (...) El concepto es seguir a esta gente, no a los eventos. Por ejemplo, Galáctica no es la historia de una nave. No estamos en la sala de mando y luego vamos a la sala de máquinas como si fuera una novela. Uno toma una decisión al principio: formar un grupo central fuerte de seres humanos. Entonces, la historia natural se da a partir de mantenerlos como centro del dram. (...) Uno podría hacer una serie sobre la nave Galáctica, pero sería antiético para una serie, no es lo que la serie es. (...) Uno puede armar una serie que sea más sobre un ambiente, un lugar o una situación, y tener personajes rotativos saliendo y entrando semana a semana. Pero no se puede meter a la audiencia en esos personajes de manera tan profunda."
Ronald D. Moore (Battlestar Galactica) Fuente: Complications Ensue.

"Primero, al principio de cada temporada, teníamos una especie de retiro con los principales escritores, los tipos que iban a estar en plantilla todo el año. Discutíamos lo que queríamos decir, pero en realidad discutíamos sobre actualidad/ideología/política. No todos los escritores pensaban igual. No teníamos una opinión común en los asuntos a tratar, ya fueran la guerra contra la droga o la educación pública o los medios. Así que teníamos que discutir los temas en sí mismos primero. Sin importar los personajes, o la trama. (...) Si hay algo que distinga a The Wire de la mayoría de dramas serializados que se ven, es que los escritores no venían de la televisión. Ninguno de nosotros creció queriendo llegar a Hollywood y escribir uan serie o una película. Ed [Burns] fue policía, y después profesor. Había periodistas entre los guionistas. Había novelistas. Había dramaturgos, también. Todo el mundo empezó en otra parte. (...) Bueno, no eramos cínicos con que nos dieran diez, doce, trece horas—lo que nos diera HBO cada temporada. Todo eso era un regalo increíble. La narrativa de El Padrino, incluyendo la tercera parte, la más floja, es como… ¿Cuánto? ¿Nueve horas? Y mira cuánta historia fueron capaces de contar. Nosotros teníams más que eso en cada temporada. Así que maldita sea, mejor tener algo que decir. Suena muy simple, pero es una conversación que no creo que ocurra en muchas series dramáticas. Con seguridad no en la televisión americana. Creo que para un montón de gente nuestro trabajo como guionistas de televisión consiste en levantar el programa como una franquicia y tener tantos espectadores, tantos globos oculares, como sea posible, y mantenerlos. Si les gusta x, les damos más x. Si no les gusta y, no les damos tanto y.(...)  Lo que nos preguntábamos era, “¿Qué deberíamos decir durante doce horas de televisión?” Y eso es un impulso periodístico. Eso venía de los guionistas que eran periodistas y, hasta cierto punto, de los novelistas que escribían parala serie y que escribían en un marco realista, como ficción con investigación."
David Simon (The Wire). Fuente: Como el Agua

Hay mucho más dicho y hecho por ahí. Ampliaremos a lo largo del camino.
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