sábado, 25 de junio de 2011

ESC.203 INT. MUNDO ANIMADO -- DÍA

Hace poco tuve la oportunidad de hacer una visita a la "fortaleza" de la gente de Focus, la empresa de animación que está dándole vida a la serie de dibujos animados para Pakapaka, de la cual participe con 13 capítulos (mitad de una historia conformada por 26 capítulos). Después de mucho escribir las aventuras de estos personajes (sobre los cuáles no puedo adelantar nada, so pena de excomunión de las filas del canal), finalmente pude observar qué rostros, qué voces, qué expresiones, qué movimiento van a tener. Y fue una notable experiencia.
No hago ningún descubrimiento colombino cuando digo que el trabajo de animación es muy particular. Y no me refiero al hecho de la manufactura de la animación en sí, todo el enorme proceso desde los primeros bocetos de los personajes, pasando por su desarrollo completo, la construcción de decorados, la primera aproximación a los libros que conforma primero el storyboard y luego el animatic, la colocación de las voces y el impacto que estas tienen en relación al desarrollo final de la animación, la pospro, y varias cosas más que sin duda me estoy olvidando (y otras tantas que desconozco).
La particularidad  a la que me refería tiene que ver con los libros.
El trabajo de poder llegar a construir guiones que se acercaran a ser un material de trabajo apto para los animadores, fue arduo; más aun si se le suma el hecho, en mi caso, de estar llevando a cabo apenas mi tercer trabajo dentro del mundo infantil (el primero, es un largo de animación llamado Pequeños Monstruos, que quizá, con algo de suerte, alguna vez vea la luz; el segundo es un proyecto estilo Cartoon Network que se llama Eva la Reportera).
Así es que, primero, estuvo el desafío de comprender cómo contar la historia que era necesario contar, dentro de las premisas que me estaban dando, entendiendo al "receptor". Y si bien tengo mucho dibujo animado visto,  además de un hijo de tres años y abundante contacto con mi niño interior, pronto descubrí que tenía que alejarme de ciertos preconceptos y aprender una nueva forma de contar.
Una de mis preocupaciones era no caer en simplificar demasiado diálogos y trama; me preocupaba tomar a los chicos por tontos, dándoles algo demasiado masticado y, por tanto, sin nada para descubrir. A medida que se desarrollaba el trabajo conjunto con la gente de Pakapaka y Focus, fui aprendiendo que tenía que darle otro significado al término "simplificar": en este caso, lo importante era allanar el camino, agrandar la puerta de entrada al mundo propuesto, para que el niño pudiera concentrarse en aquello que realmente pudiera interesarle, sin tropezarse con cosas que interfieran en su capacidad de seguir el hilo de la historia, y, sobre todo, en el disfrute de la misma. Esto es primordial: el niño no hace un "esfuerzo"; si no se conecta desde el disfrute desde un principio, se aleja.
Lo primero, entonces, fue simplificar las historias. Fue fundamental para mí respetar la estructura de plot points (donde esto no está, me señalaba Claudio Groppo, el timonel de Focus, luego en el dibujo animado, más que en otros lenguajes audiovisuales, se nota claramente que "no pasa nada"), pero clarificando y simplificando los pasos de ese relato, contando quizá algo más "pequeño" (en escala, no necesariamente en trasfondo), de manera clara y divertida.
Luego tuve que simplificar diálogos sin que perdieran ni humor, ni chispa, ni, sobre todo, ritmo. El tema del ritmo aquí es fundamental (como en las sitcom), y no terminé de apreciar esto en todo su peso hasta que vi un fragmento de un capítulo en animatic y observé cómo funcionaban los diálogos en relación a la animación y a las voces elegidas para dar vida a los personajes.
Las acciones también tuvieron que ser "allanadas". Creo que el chico puede conectarse mejor, en principio, con acciones que tienen que ver con su mundo, que reflejan el nivel de complejidad de sus propias acciones (siempre atendiendo al target al que uno apunta, de 4 a 6 en mi caso); aun cuando los personajes, en el transcurso de la historia, realicen acciones sorprendentes, estas siempre estarán construidas por elementos y movimientos que hagan correlato con el mundo del niño. Creo que un gran ejemplo de esto es UP, de Pixar: Mr. Frederickson escapa de una vida que lo asfixia, en busca de la aventura... haciendo flotar su casa gracias a miles de globos inflados con helio. Un hecho increíble construido en base a algo que pertenece al mundo cotidiano de los niños, los globos.
Observar a los chicos siempre sirve, si se tiene uno "a mano". Cómo construyen el juego. Mi hijo, por ejemplo, disfruta de mover sillas y almohadones para construir un "auto", usando también un volante y una pedalera para playstation. Luego se sienta en la cabina que creó, y maneja. Aquí hay dos niveles de juego y de acción: primero, la diversión que implica para él usar objetos de su entorno para construir algo que funciona como otra cosa; luego, el uso de esa otra cosa en una aventura plenamente imaginaria, por ejemplo, manejar quién sabe a dónde, con las alternativas que se den en ese camino fantástico.
Estos dos niveles pueden ser usados perfectamente como "molde" o inspiración para desarrollar acciones que funcionen dentro de un buen dibujo animado.
Y todo esto son apenas mis primeros descubrimientos sobre cómo contar dentro de este mundo tan especial. Espero tener la oportunidad de seguir experimentando y aprendiendo.
Y espero tener la oportunidad, sobre todo, de seguir divirtiéndome y emocionándome dentro de él.
Cómo no puedo mostrar imágenes de la historia que escribí para Pakapaka, va algunas otras del proyecto que les contara más arriba, Eva la Reportera, ilustrado por Maxi Poter, gran amigo y talentoso dibujante.

Eva la Reportera
Lola Lucero, su "némesis".

Gracias por todo a Lila Goldemberg, Facundo Agrelo y Claudio Groppo.
¡Nos vemos en los cartoons!

sábado, 18 de junio de 2011

ESC.202 INT. MENTES CREADORAS -- DÍA

Las series norteamericanas me encantan. Cualquiera que lea este blog ya se debe haber dado cuenta de esto hace tiempo. Por eso es que me llamó la atención este libro, y por supuesto voy a tratar de conseguirlo. Se llama Created By: Inside the Minds of TV’s Top Show Creators. 


Su autor, Steven Priggé, entrevistó a algunos de los más importantes guionistas/productores de la televisión norteamericana: J.J. Abrams (Alias, Lost), Larry David (Seinfeld, Curb Your Enthusiasm), Alan Ball (Six Feet Under), Ilene Chaiken (The L Word), entre muchos otros. La idea del libro es "exprimir" la experiencia de estas personas para tratar de responder muchas de las preguntas que los aspirantes a guionistas de TV (de los Estados Unidos) desean saber. Aun con la diferencia que pueda haber entre la industria yanqui y la nuestra, estoy seguro de que muchas de las cosas registradas en este libro pueden sernos útiles. Todo es aprendizaje, ¿o no?
Lamentablemente, no tengo ningún extracto del libro para mostrarles. Pero sí una entrevista que Priggé diera a la gente de  de www.writersstore.com, y que los colegas del portal ABCGuionistas tuvieron la deferencia de publicar traducida. Aquí va.


¿Cuál es el mejor consejo extraído a través de tus entrevistas a estos creadores televisivos?
Con respecto a llegar a ser guionista profesional, creo que lo mejor que puedes hacer es, de hecho, escribir. Puede parecer un consejo simplista, pero es la verdad. Escribir es un arte para el que el viejo dicho "la práctica hace al maestro" es aplicable. Por ejemplo, Yvette Lee Bowser (Half & Half) dice en mi libro: La clave principal para convertirte en guionista es escribir. No puedes limitarte a decir que quieres hacerlo. Tienes que hacerlo.
Escribir es como ejercitarse en el gimnasio. Trabajas diferentes músculos dependiendo del tipo de guion estés desarrollando (comedia, drama, etc.). Si no escribes desde hace tiempo, puede que trabajes más lentamente y tengas menos resistencia. De modo que es importante tener un régimen de escritura.
Además, muchos de los creadores de shows piensan que es muy importante cuando estás empezando escuchar a tus colegas de profesión. Deberías tomarte muy en serio los consejos de tus jefes, porque lo más seguro es que ya hayan pasado por las dificultades y tribulaciones que tú estás experimentando en ese momento. Tom Fontana (Oz) me proporcionó un muy buen consejo que le dio su jefe y mentor, Bruce Paltrow, durante su primer trabajo como guionista de TV en St. Elsewhere: No les creas cuando te digan lo maravilloso que eres, porque si les crees cuando te dicen que eres maravilloso, entonces deberás creerles cuando te digan que apestas. Y, créeme, te dirán que apestas.
¿Por qué crees que hay tan poca información sobre cómo comenzar en televisión, en oposición a la abundancia de material sobre cómo introducirse en el mundo del largometraje?
Creo que se ha escrito más sobre cómo introducirse en el mundo del largometraje por dos razones: primero, el desarrollo del cine independiente, que cambió la industria, y, segundo, el auge e impacto del vídeo digital. Creo que en esta época digital rodar un largometraje es más factible para cualquiera que antes. Puedes comprarte una cámara digital de calidad por $3,000 y grabar un corto que podría ser visto en algunos festivales de cine importantes. ¿Cómo podrías grabar un show de televisión por tu cuenta?. Pienso que la gente en general cree que les sería más fácil conseguir entrar en el mundo del largometraje que en el de la televisión.
Sin embargo, también tienen esa idea errónea de que la mayoría de los guionistas tienen un "tío Bernie", que era un agente en la Costa Oeste y que les enchufó. Y la mayoría de las veces no es verdad. La gente que sale en mi libro se introdujo en el mundo de la escritura para televisión siguiendo su propio y emocionante camino, y ninguno tenía un tío llamado Bernie.
¿Cómo puede un guionista conseguir su primer trabajo (no prácticas) en televisión sin tener contactos?
Hay muchas maneras de conseguir un trabajo como guionista sin tener que llevar a tus compañeros café con leche, frappuccinos o cualquier tipo de café.
Muchos guionistas de sitcom han sido descubiertos cuando trabajaban como comediantes. Por ejemplo, Larry David (Seinfeld, Curb Your Enthusiasm) fue descubierto cuando actuaba como comediante en Catch a Rising Star en Nueva York.
Shawn Ryan (The Shield) ganó un concurso de escritura de obra de teatro en la universidad; una de sus obras entró en el Festival Americano de Teatro Universitario y acabó siendo premiado como la "Mejor Obra Original" de dicho Festival en la región de Nueva Inglaterra y como la "Mejor Comedia" a nivel nacional. Debido a la popularidad de su obra, Shawn fue recompensado con varias semanas de estancia en Los Ángeles para ver cómo trabajaban los guionistas de My Two Dads. Acabó vendiendo una idea para una historia a los productores y así comenzó su carrera en la televisión.
Alan Ball fue descubierto por un caza-talentos del estudio de televisión Carsey-Werner que fue a ver su obra de teatro, Five Women Wearing the Same Dress.
Lo esencial es encontrar una plataforma desde la que tu voz pueda ser escuchada por aquellos que estén en posición de contratarte. Debes salir y hacerte notar.
¿Estamos asistiendo al final de la sitcom?
Para nada. Pero sí creo que han sucedido varias cosas en la televisión durante los últimos años que han derivado en una menor atención hacia el área sitcom.
La primera, los realities, muy atractivos para las cadenas porque no tienen que pagar millones a los talentos, como tendrían que hacer con una estrella de una sitcom de éxito.
Después, la calidad de las series dramáticas es mejor que nunca. Algunos de los mejores shows televisivos, como The Shield, Los Soprano, Alias, Perdidos, etc. tienen una calidad comparable a la de cualquier película importante. Debido a la imágenes generadas por ordenador, las series dramáticas alcanzan niveles nunca alcanzados antes.
Pero también creo que la televisión avanza en círculos. En los 80, sitcoms como El Show the Bill Cosby y Enredos de familia gobernaban la pequeña pantalla. Creo que los telespectadores retomarán esa dirección. Es sólo cuestión de tiempo. Series como Curb Your Enthusiasm, Entourage, Scrubs y Arrested Development son algunos ejemplos de sitcoms originales y frescas desde las que podemos construir el futuro.
¿Qué buscan los showrunners cuando contratan a un guionista?
Muchos buscan una voz original. Aunque muchos quieren leer guiones on spec de shows existentes, muchos también quieren leer pilotos originales. Desean descubrir si alguien es capaz de "crear un mundo". También quieren sentir emociones leyendo tu guion. J.J. Abrams (Alias, Lost) dijo: Disfruto de la calidad literaria de aquellos que tienen el poder de hacerme reír, llorar o pensar.
Pero, dejando a un lado por un momento la escritura, muchos creadores buscan también a una persona con la que puedan entenderse, ya que pasarán muchas horas juntos en el cuarto de guionistas. A diferencia de la escritura de libros o de largometrajes, la televisión es un medio colaborativo y las buenas relaciones laborales son muy importantes. Es una combinación de cosas, pero un guion bien escrito es, definitivamente, el primer paso.

jueves, 9 de junio de 2011

ESC.201 EXT. SALÓN DE CLASE -- NOCHE

Ayer a la noche tuve el placer de ser invitado por Ramiro San Honorio y Sabrina Farji a charlar con sus alumnos del Curso de Guión Nivel 2, del Centro Cultural Rojas. La conversación que se generó fue realmente muy buena, y les agradezco a Ramiro, Sabrina, y a todo el grupo de futuros guionistas, la calidez con la que me recibieron. ¡Abrazos a todos!

miércoles, 1 de junio de 2011

ESC.200 INT. MIYAZAKI, MI HIJO Y YO -- DÍA

Este post es un gran mojón en la vida del blog. Es el número 200. Me pareció que la mejor forma de que fuera especial, era involucrar algo realmente afectivo. Por eso va dedicado a mi hijo, Joaquín.

Desde que Joaquín nació, mi dosis de películas infantiles aumentó en un 500% por ciento. Aunque trato de cuidar lo que ve, pasa lo mismo que con el cine para adultos: gran parte son productos medianamente cuidados, destinados a entretener, aunque con un mínimo cuidado por ciertas cuestiones que tienen que ver con el mundo infantil y temas de aprendizaje. Pero hay otras... hay otras que son pura magia. Y los chicos pueden notar la diferencia, por más pequeños que sean. En el caso de mi hijo, y mío también, desde ya, la magia de Hayao Miyazaki nos deslumbra a los dos por igual. Miyazaki (5 de enero de 1941), está considerado como uno de los maestros de la animación. De joven, se formó en los estudios Zuiyô Enterprise, donde trabajó junto a otro grande, Isao Takahata, en animes como Heidi, Marco, y La abeja Maya. Posteriormente, juntos fundarían los Estudios Ghibli, donde Miyazaki dirigiría sus películas más importantes.
Aunque realizó otras antes, la primer película que de Miyazaki que vi fue Sen to Chihiro no kamikakushi (lit. «La desaparición espiritual de Sen y Chihiro»), conocida en el mundo hispano parlante como El viaje de Chihiro. Chihiro recibió el Oso de Oro de la Berlinale 2002, el Oscar a la mejor cinta animada en 2002 y le granjeó a su director un reconocimiento a la trayectoria en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Todos premios merecidísimos. El viaje de Chihiro es una fábula maravillosa sobre el paso de la niñez a la adolescencia de una niña, Chihiro, que debe realizar un "viaje de pasaje", sola, por un mundo mágico y misterioso. La película rebosa de una imaginería visual increíble, pero también está plena de un tipo de emoción que es difícil encontrar en películas de animación occidentales.
Luego vinieron El Castillo Ambulante, y Ponyo en el acantilado. Fue Ponyo, la historia de un pequeño pez rojo, hijo de un humano y de la diosa del mar, que ansía ser humano, la que fascinó a mi hijo. Los primeros meses luego de verla por primera vez, Ponyo estuvo en alta rotación en el televisor de mi hogar. Parecía que nunca se cansaba de verla. Y, francamente, mi mujer y yo tampoco.


El dibujo es complejo, pero construido en base a unas lineas tan simples que un chico puede captarlas perfectamente. Pero el secreto está en el guión. La historia del pez que quiere ser niña está llena de magia. Y sin embargo, son los momentos que pasa Ponyo, el pez niña, con Sosuke, el niño de cinco años del que se ha enamorado, los que más recuerda. Sosuke introduce a Ponyo en la cotidianeidad: su casa, su madre, la magia de un té con miel o de una sopa con huevo y jamón, el juego, el sueño. Porque, para un niño, ¿qué hay más mágico que el mundo que descubre, o que la relación con su madre?
De Ponyo mi hijo y yo pasamos a una película anterior de Miyazaki: Mi vecino Totoro. Otro dvd en alta rotación. Totoro cuenta la historia del descubrimiento de un ser mágico que habita un bosque; pero antes de eso, cuenta la alegría de dos niñas y su padre en medio del gran cambio que supone una mudanza, y de la adversidad de tener a su madre hospitalizada, enferma de tuberculosis. Luego nos mudamos a Kiki, entregas a domicilio, sobre una aprendiz de bruja que se usa su escoba para hacer entregas a domicilio en una panadería y, así, aprende sobre la vida.
La alegría es una de las claves de las películas de Miyazaki. No importa por qué situación dramática estén pasando los personajes, nunca pierden ni la alegría de vivir, ni la esperanza, ni el empuje de seguir siempre adelante, no importa lo que se les interponga en el camino. Creo que mi hijo, a su manera, capta esto y lo disfruta. Igual que yo.
Les dejo un video sobre Miyazaki, y les recomiendo, a ustedes y a sus hijos, que se asomen al bellísimo mundo de este increíble creador.

lunes, 23 de mayo de 2011

ESC.199 EXT. GUIONISTAS EJECUTIVOS -- DÍA

De vuelta de otro gap. Lo bueno de los momentos en que uno tiene que hacer reposo obligado, es que puede ponerse al día con alguna lectura, o bien con series y películas que uno va amontonando en los tiempos de mucho trabajo. En mi caso, aproveché para ver algunas series que tenía pendientes. Entre ella, Episodes.
Esta sitcom, creada por David Crane (Friends)Jeffrey Klarik (Mad About You), tuvo la suficiente repercusión a principio de año como para que muchos de ustedes la conozcan. Así que solo voy a comentar, brevemente, que trata de la dos guionistas británicos que son tentados para adaptar una serie exitosa que crearon en el Reino Unido, al gusto americano. Para ello, se trasladan a Los Ángeles, donde deben enfrentarse a la fauna hollywoodense tratando de llevar adelante su visión... que será totalmente tergiversada y, aun así, resultará exitosa.
Además de las cuestiones típicas de la comedia, lo que me resultó interesante de Episodes es lo que muestra de la cocina de las series en USA. Por supuesto hay productores insoportables, actores con exceso de ego, y hasta vestuaristas rebeldes. Pero cuando los guionistas son puestos al frente de la creación del piloto de la adaptación... son puestos al frente. Son los guionistas los encargados de transformar su visión en realidad, ocupando el cargo de productores ejecutivos. Ellos llevan adelante el casting, controlan el arte, la escenografía, el vestuario, etc. Es decir: como ellos son los que han tenido la idea, los productores confían (por supuesto, hasta un cierto punto) en ellos para llevar a cabo su visión. Porque, ¿quién puede conocer mejor su idea que los propios autores?
Y sin duda, el sistema funciona. Las series norteamericanas están entre las mejores del mundo. Y la mayoría de ellas están pergeñadas por guionistas. No es un lecho de rosas, como se ve en Episodes. Sin embargo, preferiría pasarla mal como la pasan mal ellos, y no como la pasamos mal nosotros.
Seguramente los guionistas argentinos carecemos de la capacidad de hacer lo mismo que nuestros pares norteamericanos. Debe ser por eso que los productores confían tan poco en nosotros y se sienten obligados a controlar cada minuto de nuestro trabajo, a limitarnos, a despedirnos sin previo aviso, a restarnos crédito, a creer que siempre saben más que nosotros.
En fin. Por suerte, como dice la canción, más tarde o más temprano, "cambia todo cambia".

lunes, 9 de mayo de 2011

ESC.198 INT. TRILLO EL HUSMEANTE -- DIA

Se murió Carlos Trillo. De golpe me vienen miles de flashes, de la infancia, de la adolescencia, de la juventud... de siempre, desde siempre. De chico, allá en los 70, era un ávido consumidor de historietas: Patoruzú, Hijitus, Isidoro. Y también Clarín. Porque si había un motivo para leer el diario a los seis años, era mirar la última página, allí donde se publicaban los strip comics. Y El Loco Chavez. No estoy seguro de cuánto comprendía de esa genial e histórica historieta, pero sí me recuero leyéndola siempre que podía. Y algo de sus personajes quedó dentro de mí, como una marca; algo del estilo de contar también. Y todo gracias a Carlos Trillo, el guionista que ponía palabras y acciones a los dibujos de Altuna.
Pasó un poco el tiempo, y algunos otros comics comenzaron a llamarme la atención. El Tony, D'Artagnan, Fantasía e Intervalo solían estar a mano para ser leídas, y fue mi primera oportunidad, a los 8 o 9 años, de leer historietas más adultas. Sobre todo, de meterme en el mundo de la aventura. Pero había otras dos revistas, que normalmente me estaban vedadas pero que siempre me arreglaba para leer: Satiricón y, sobre todo, Skorpio, donde vi mis primeras y mágicas mujeres desnudas. En ambas, Carlos Trillo entró de nuevo en mi vida para enseñarme tempranas lecciones de buen contar. En Satiricón, Trillo trabajó junto a Oswal, Horacio Altuna y Lito Fernández. En Skorpio, entre el 77 y el 82, creo junto a Enrique Breccia una de las cumbres de la historieta argentina: Alvar Mayor.
Entrados los 80, Trillo siguió impactando en mi vida. Desde la revista Humor, con Las Puertitas del Sr. López. Pero el impacto mayor llegó a partir de 1984, con la aparición de una revista que nos cambiaría la vida a muchos: la mitológica Fierro. Allí, Trillo publicó incansablemente, acompañado por los mejores dibujantes de la época. Junto a Altuna, hizo MerdicheskyEl último recreoTragaperras; con Mandrafina, Husmeante, El Caballero del Piñón FijoHistorias mudas; con el español Jordi Bernet, Light & Bold. Y siguen las firmas.
Trillo tenia un sentido del humor agudo, irónico, para nada conformista. Al mismo tiempo, nunca perdía el pulso de la acción. Sus personajes no le tenían miedo a hablar ocupando cuadro, pero nunca decían palabras vacías. Y navegaban en mundos imaginarios que, claramente, estaban dentro de este mundo.
Carlos Trillo se fue, pero sus lecciones quedan. Como sucede con todos los grandes.

miércoles, 4 de mayo de 2011

ESC.197 INT. PENSAR CON LAS MANOS -- DÍA

Cuando empecé a escribir, a los 10 años, lo hacía a mano. Con lapicera, en cuadernos de tapa blanda o dura, lo que hubiera a mano, aprovechando los reglones para darle cause a mi imaginación en letra cursiva. Recién en segundo año de la facultad pude comprarme una máquina de escribir usada. Las computadoras eran algo poco común por aquel entonces (aunque no estamos hablando de los 70's, sino de 1989). Y realmente sentí el cambio. Escribir a mano tenía algo especial. De puño y letra, la conexión con lo escrito era extremadamente visceral. Quizá tuviera que ver con el cansancio que producía, con el dolor en los dedos, en la muñeca. El acto de escribir se hacía realmente carne en uno. La llegada de la máquina de escribir facilitó las cosas, sin duda, pero también puso una distancia con el papel y con el material. Ahora escribía interposita máquina. El hecho de llenar hoja tras hoja A4 también cambió la percepción de lo escrito, agregándole un componente visual: ahora era posible, por lo menos para mí, apreciar el ritmo en el tamaño y distribución de los párrafos. Esto colocó ya una suerte de filtro para que la escritura dejara de ser exclusivamente un flujo de conciencia. Con la máquina de escribir, por otro lado, uno se acercaba más al mundo de los libros impresos. La escritura tomaba un carácter más serio. Y luego, varios años después, llegó la computadora, agregándole nuevas dimensiones al asunto: el texto se hizo mucho más maleable, accesible desde la forma y enriquecido por elementos de ayuda, una suerte de edición en progreso.
Lo único que hermana a la escritura a mano, a máquina y vía PC, son las manos. Ya sé, parece una perogrullada. Pero he descubierto que, después de casi 30 años escribiendo en forma prácticamente ininterrumpida, he llegado al punto en el cual pienso a través de las manos. Hay escritores, como lo hizo Borges luego de quedar ciego, que dictan sus textos a alguien que los transcribe. Hoy, las computadoras permiten la versión moderna de esto: softwares que interpretan la voz y la transforman en texto. No sé si podría usar algunos de estos dos métodos. Mi sensación es que solo cuando pongo las manos en el teclado, mi imaginación se desbloquea de la manera necesaria para poder escribir. Por supuesto que las ideas llegan en cualquier momento, incluso es posible imaginar oraciones completas sin poner un dedo en el teclado. Pero es cuando lo hago, que el arte de la escritura llega definitivamente a mí. Es más, ni siquiera necesito los ojos: he probado de escribir largos párrafos con los ojos cerrados sin error.
Las manos sin mi varita mágica.

Toda esta reflexión llega en relación a la lectura del artículo La máquina de escribir que se compró Nietzsche o cómo cambia nuestra escritura cuando usamos un ordenador, publicado en el blog Papel en Blanco. Allí, Sergio Parra dice:

Tendemos a pensar que nacemos en blanco, cual tabula rasa, y que son las experiencias vividas las que conforman nuestra personalidad, sobre todo en los primeros años de nuestra vida. La ciencia, sin embargo, cada vez encuentra más evidencias de que no sólo nacemos con patrones bastante inmutables de conducta (impuestos por nuestra herencia genética) sino que precisamente son pequeños detalles en apariencia anodinos los que definen como somos (...) Un ejemplo de cómo un detalle nimio puede influir no sólo en la forma en que se escriben los libros sino incluso en el contenido de los libros y en todo el universo intelectual que emana de ellos es el de las máquinas de escribir.
A partir de 1879, el filósofo Friederich Nietzsche sufría problemas de salud que le dificultaban la tarea de leer y escribir. Sobre todo por los fuertes dolores de cabeza y los incontrolables vómitos. Hasta que se le ocurrió la feliz idea de recurrir a la tecnología. Durante las primeras semanas de 1882, Nietzsche recibió en su domicilio una máquina de escribir danesa, una Writing Ball Malling-Hansen. Nietzsche empezó a escribir con aquel artilugio, cada vez más maravillado con sus posibilidades. Incluso aprendió a escribir con los ojos cerrados, usando sólo la punta de los dedos.
Tanto le fascinaba aquella suerte de transductor de su mente que incluso le dedicó una oda: "Como yo, estás hecha de hierro mas eres frágil en los viajes. Paciencia y tacto en abundancia, Con dedos diestros, exigimos."  Sin embargo, algo extraño empezó a ocurrir con los textos que mecanografiaba el filósofo. Algo que propios y extraños notaron sin ninguna duda. (...) Uno de sus mejores amigos, el escritor y compositor Henrich Köselitz, también se lo señaló, tal y como explica Nicholas Carr:
"La prosa de Nietzsche se había vuelto más estricta, más telegráfica. También poseía una contundencia nueva, como si la potencia de la máquina (su “hierro”), en virtud de algún misterioso mecanismo metafísico, se transmitiera a las palabras impresas de la página. “Hasta puede que este instrumento os alumbre un nuevo idioma”, le escribió Köselitz en una carta, señalando que, en su propio trabajo, “mis pensamientos, los pensamientos musicales y los verbales, a menudo dependen de la calidad de la pluma y el papel.” “Tenéis razón”, le respondió Nietzsche. “Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos."

Les recomiendo la lectura del artículo completo. Realmente una pequeña joya.

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