sábado, 25 de junio de 2011

ESC.203 INT. MUNDO ANIMADO -- DÍA

Hace poco tuve la oportunidad de hacer una visita a la "fortaleza" de la gente de Focus, la empresa de animación que está dándole vida a la serie de dibujos animados para Pakapaka, de la cual participe con 13 capítulos (mitad de una historia conformada por 26 capítulos). Después de mucho escribir las aventuras de estos personajes (sobre los cuáles no puedo adelantar nada, so pena de excomunión de las filas del canal), finalmente pude observar qué rostros, qué voces, qué expresiones, qué movimiento van a tener. Y fue una notable experiencia.
No hago ningún descubrimiento colombino cuando digo que el trabajo de animación es muy particular. Y no me refiero al hecho de la manufactura de la animación en sí, todo el enorme proceso desde los primeros bocetos de los personajes, pasando por su desarrollo completo, la construcción de decorados, la primera aproximación a los libros que conforma primero el storyboard y luego el animatic, la colocación de las voces y el impacto que estas tienen en relación al desarrollo final de la animación, la pospro, y varias cosas más que sin duda me estoy olvidando (y otras tantas que desconozco).
La particularidad  a la que me refería tiene que ver con los libros.
El trabajo de poder llegar a construir guiones que se acercaran a ser un material de trabajo apto para los animadores, fue arduo; más aun si se le suma el hecho, en mi caso, de estar llevando a cabo apenas mi tercer trabajo dentro del mundo infantil (el primero, es un largo de animación llamado Pequeños Monstruos, que quizá, con algo de suerte, alguna vez vea la luz; el segundo es un proyecto estilo Cartoon Network que se llama Eva la Reportera).
Así es que, primero, estuvo el desafío de comprender cómo contar la historia que era necesario contar, dentro de las premisas que me estaban dando, entendiendo al "receptor". Y si bien tengo mucho dibujo animado visto,  además de un hijo de tres años y abundante contacto con mi niño interior, pronto descubrí que tenía que alejarme de ciertos preconceptos y aprender una nueva forma de contar.
Una de mis preocupaciones era no caer en simplificar demasiado diálogos y trama; me preocupaba tomar a los chicos por tontos, dándoles algo demasiado masticado y, por tanto, sin nada para descubrir. A medida que se desarrollaba el trabajo conjunto con la gente de Pakapaka y Focus, fui aprendiendo que tenía que darle otro significado al término "simplificar": en este caso, lo importante era allanar el camino, agrandar la puerta de entrada al mundo propuesto, para que el niño pudiera concentrarse en aquello que realmente pudiera interesarle, sin tropezarse con cosas que interfieran en su capacidad de seguir el hilo de la historia, y, sobre todo, en el disfrute de la misma. Esto es primordial: el niño no hace un "esfuerzo"; si no se conecta desde el disfrute desde un principio, se aleja.
Lo primero, entonces, fue simplificar las historias. Fue fundamental para mí respetar la estructura de plot points (donde esto no está, me señalaba Claudio Groppo, el timonel de Focus, luego en el dibujo animado, más que en otros lenguajes audiovisuales, se nota claramente que "no pasa nada"), pero clarificando y simplificando los pasos de ese relato, contando quizá algo más "pequeño" (en escala, no necesariamente en trasfondo), de manera clara y divertida.
Luego tuve que simplificar diálogos sin que perdieran ni humor, ni chispa, ni, sobre todo, ritmo. El tema del ritmo aquí es fundamental (como en las sitcom), y no terminé de apreciar esto en todo su peso hasta que vi un fragmento de un capítulo en animatic y observé cómo funcionaban los diálogos en relación a la animación y a las voces elegidas para dar vida a los personajes.
Las acciones también tuvieron que ser "allanadas". Creo que el chico puede conectarse mejor, en principio, con acciones que tienen que ver con su mundo, que reflejan el nivel de complejidad de sus propias acciones (siempre atendiendo al target al que uno apunta, de 4 a 6 en mi caso); aun cuando los personajes, en el transcurso de la historia, realicen acciones sorprendentes, estas siempre estarán construidas por elementos y movimientos que hagan correlato con el mundo del niño. Creo que un gran ejemplo de esto es UP, de Pixar: Mr. Frederickson escapa de una vida que lo asfixia, en busca de la aventura... haciendo flotar su casa gracias a miles de globos inflados con helio. Un hecho increíble construido en base a algo que pertenece al mundo cotidiano de los niños, los globos.
Observar a los chicos siempre sirve, si se tiene uno "a mano". Cómo construyen el juego. Mi hijo, por ejemplo, disfruta de mover sillas y almohadones para construir un "auto", usando también un volante y una pedalera para playstation. Luego se sienta en la cabina que creó, y maneja. Aquí hay dos niveles de juego y de acción: primero, la diversión que implica para él usar objetos de su entorno para construir algo que funciona como otra cosa; luego, el uso de esa otra cosa en una aventura plenamente imaginaria, por ejemplo, manejar quién sabe a dónde, con las alternativas que se den en ese camino fantástico.
Estos dos niveles pueden ser usados perfectamente como "molde" o inspiración para desarrollar acciones que funcionen dentro de un buen dibujo animado.
Y todo esto son apenas mis primeros descubrimientos sobre cómo contar dentro de este mundo tan especial. Espero tener la oportunidad de seguir experimentando y aprendiendo.
Y espero tener la oportunidad, sobre todo, de seguir divirtiéndome y emocionándome dentro de él.
Cómo no puedo mostrar imágenes de la historia que escribí para Pakapaka, va algunas otras del proyecto que les contara más arriba, Eva la Reportera, ilustrado por Maxi Poter, gran amigo y talentoso dibujante.

Eva la Reportera
Lola Lucero, su "némesis".

Gracias por todo a Lila Goldemberg, Facundo Agrelo y Claudio Groppo.
¡Nos vemos en los cartoons!