miércoles, 1 de junio de 2011

ESC.200 INT. MIYAZAKI, MI HIJO Y YO -- DÍA

Este post es un gran mojón en la vida del blog. Es el número 200. Me pareció que la mejor forma de que fuera especial, era involucrar algo realmente afectivo. Por eso va dedicado a mi hijo, Joaquín.

Desde que Joaquín nació, mi dosis de películas infantiles aumentó en un 500% por ciento. Aunque trato de cuidar lo que ve, pasa lo mismo que con el cine para adultos: gran parte son productos medianamente cuidados, destinados a entretener, aunque con un mínimo cuidado por ciertas cuestiones que tienen que ver con el mundo infantil y temas de aprendizaje. Pero hay otras... hay otras que son pura magia. Y los chicos pueden notar la diferencia, por más pequeños que sean. En el caso de mi hijo, y mío también, desde ya, la magia de Hayao Miyazaki nos deslumbra a los dos por igual. Miyazaki (5 de enero de 1941), está considerado como uno de los maestros de la animación. De joven, se formó en los estudios Zuiyô Enterprise, donde trabajó junto a otro grande, Isao Takahata, en animes como Heidi, Marco, y La abeja Maya. Posteriormente, juntos fundarían los Estudios Ghibli, donde Miyazaki dirigiría sus películas más importantes.
Aunque realizó otras antes, la primer película que de Miyazaki que vi fue Sen to Chihiro no kamikakushi (lit. «La desaparición espiritual de Sen y Chihiro»), conocida en el mundo hispano parlante como El viaje de Chihiro. Chihiro recibió el Oso de Oro de la Berlinale 2002, el Oscar a la mejor cinta animada en 2002 y le granjeó a su director un reconocimiento a la trayectoria en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Todos premios merecidísimos. El viaje de Chihiro es una fábula maravillosa sobre el paso de la niñez a la adolescencia de una niña, Chihiro, que debe realizar un "viaje de pasaje", sola, por un mundo mágico y misterioso. La película rebosa de una imaginería visual increíble, pero también está plena de un tipo de emoción que es difícil encontrar en películas de animación occidentales.
Luego vinieron El Castillo Ambulante, y Ponyo en el acantilado. Fue Ponyo, la historia de un pequeño pez rojo, hijo de un humano y de la diosa del mar, que ansía ser humano, la que fascinó a mi hijo. Los primeros meses luego de verla por primera vez, Ponyo estuvo en alta rotación en el televisor de mi hogar. Parecía que nunca se cansaba de verla. Y, francamente, mi mujer y yo tampoco.


El dibujo es complejo, pero construido en base a unas lineas tan simples que un chico puede captarlas perfectamente. Pero el secreto está en el guión. La historia del pez que quiere ser niña está llena de magia. Y sin embargo, son los momentos que pasa Ponyo, el pez niña, con Sosuke, el niño de cinco años del que se ha enamorado, los que más recuerda. Sosuke introduce a Ponyo en la cotidianeidad: su casa, su madre, la magia de un té con miel o de una sopa con huevo y jamón, el juego, el sueño. Porque, para un niño, ¿qué hay más mágico que el mundo que descubre, o que la relación con su madre?
De Ponyo mi hijo y yo pasamos a una película anterior de Miyazaki: Mi vecino Totoro. Otro dvd en alta rotación. Totoro cuenta la historia del descubrimiento de un ser mágico que habita un bosque; pero antes de eso, cuenta la alegría de dos niñas y su padre en medio del gran cambio que supone una mudanza, y de la adversidad de tener a su madre hospitalizada, enferma de tuberculosis. Luego nos mudamos a Kiki, entregas a domicilio, sobre una aprendiz de bruja que se usa su escoba para hacer entregas a domicilio en una panadería y, así, aprende sobre la vida.
La alegría es una de las claves de las películas de Miyazaki. No importa por qué situación dramática estén pasando los personajes, nunca pierden ni la alegría de vivir, ni la esperanza, ni el empuje de seguir siempre adelante, no importa lo que se les interponga en el camino. Creo que mi hijo, a su manera, capta esto y lo disfruta. Igual que yo.
Les dejo un video sobre Miyazaki, y les recomiendo, a ustedes y a sus hijos, que se asomen al bellísimo mundo de este increíble creador.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy tierno! supongo que encontraras muchas mas cosas bellas que te ayude a re- descubrir tu hijo.

Mariela