martes, 18 de enero de 2011

ESC.180 EXT. RASPANDO EL HUESO -- DÍA

Un par de post atrás, a Susso Checchi d'Amico le preguntaban si había alguna película de la historia del cine que le hubiera gustado escribir. Luego de ciertas y lógicas dudas (¿cómo elegir una?), d'Amico contestaba La Esclava del Amor, de Nikita Mikhalkov. La pregunta me dejó pensando; me parece que, por varios motivos, es una excelente cuestión para plantearle a un autor como forma de conocerlo.
Así es que me la hice a mí mismo.
Si tuviera que elegir un guión, solo uno, diría que me hubiera fascinado poder escribir Apocalypse Now.
Pero estos últimos 15 días vi dos películas que definitivamente me hubiera gustado escribir. Películas excelentes, que resaltan sobre el chato panorama actual, y que se sienten claramente sostenidas por unas sólidas páginas detrás de ellas.
Las películas son Winter's Bone, escrita por Debra Granik y Anne Rosellini, sobre una novela de Daniel Woodrell; 


y The Fighter, escrita por Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson, sobre historia de los mismos Tamasy y Johnson, junto a Keith Dorrington. 




Ambos guiones centran su mirada sobre familias destruidas en búsqueda de cierta redención. Y digo cierta porque en ninguno de los dos casos hay una redención completa que sea realmente posible. The Fighter se permite algo así como un final feliz, pero sin caer en cuentos de hadas para adultos: no hay un american way of life accesible a golpes de puño. Apenas, una salida de emergencia que da a una calle lateral, menos llena de basura. Winter's Bone no tiene ni siquiera eso; el único final feliz es la mera supervivencia.
Pero no pretendo entrar en descripciones de trama que pueden disminuir el disfrute de aquellos que aun no las hayan visto.
Lo que envidio sanamente de ambos guiones es su capacidad de aplicar una visión descarnada sobre la realidad, sin por eso caer en golpes bajos. ¿Cómo lo logran? Generando relatos en  cierto sentido documentalistas (mirada reforzada, en el caso de The Fighter, desde situaciones argumentales), sin juzgar nunca a los personajes sino, simplemente, relatando, libreta en mano, de manera casi bukowskiana.
Ambas películas comparten también el uso intencionado de ciertos recursos de género, como cinta transportadora que les permite llevar a con mayor facilidad una carga pesada.
En el caso de Winter's Bone, hay una tensión que se genera gracias al uso de elementos del thriller, del policial, incluso del western.
En The Fighter, se ponen en juego ciertas cuestiones propias de películas sobre el "triunfo del espíritu", que son tan caras al gusto americano (y que Hollywood ha sabido exportar tan bien al resto del mundo). La película utiliza algunos puntos de contacto con la primera Rocky, y más cerca, con The Wrestler, para entregar una pintura terrible sobre una familia de clase media baja que se consume a sí misma en una suerte de endogamia espiritual.
Winter's Bone, por su parte, se mete con la cultura de aquellos que cocinan y trafican crystal meth, en el sur de Estados Unidos. Ree, la adolescente personaje central de la película, no tiene interés en juzgar su entorno, un enorme grupo de ex granjeros, todos emparentados en distintas medidas entre sí, que se dedican a la industria del meth; ella solo quiere encontrar a su padre. Para ello, se enfrentará con unas gentes y una cultura que matan por menos que lo que ella hace. Su única cosa a favor es ser uno de ellos, y, curiosamente, ser mujer.
Ambas historias raspan hasta el hueso para reflejar a sus individuos, y acaso las historias (por demás interesante), solo sean motores para lograrlo. Para reflejar lo que, de otra manera, veríamos solamente en los noticieros, en la parte de policiales.
Conocer con enorme profundidad a los personajes; no juzgarlos nunca, ni a ellos ni a su mundo; usar los procesos narrativos como herramienta para profundizar en ellos; alumbrar las zonas de sus corazones que otros prefieren no mirar. Algunas enseñanzas que dejan estos dos grandes guiones y que quedan grabadas a fuego por el impacto que ambas películas producen.

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