martes, 21 de septiembre de 2010

ESC.144 INT. ETERNAUTA A SALVO -- DÍA

Hoy, de casualidad, tuve respuesta a un tema que me aquejaba. Salió publicado en la página web del diario peruano El Comercio. Es parte de una entrevista que la gente del periódico le hace a la directora/guionista Lucrecia Martel.

¿Es cierto que ya no dirigirás “El Eternauta”?
Sí, no nos pusimos de acuerdo con los productores en cuestiones ajenas a lo creativo, pero que podían determinar a futuro la misma creación. Es un proyecto caro en el que necesitas estar totalmente de acuerdo porque hay maquinarias que se van de tus manos. Tenía el guion escrito en un 80% y la historia escrita completa.
¿Crees igual que en algún momento podamos verla en el cine?
Lo que me gustaría es compartir aunque sea con la gente el fenómeno de adaptar un ícono nacional como “El Eternauta”. Me interesaría ver cómo puede uno tomar autoría en algo que es de todos. ¿Hasta dónde llegan tus derechos de transformación de eso y hasta dónde está tu obligación de transformarlo? Esas cuestiones me parecen superinteresantes. Ha sido un proceso muy rico de trabajo. ¡Creo que si al final los productores se hubiesen dado el trabajo de leer el guion, se hubiesen entusiasmado más!


A partir de aquí, es necesaria una aclaración: no me gusta el cine de Lucrecia Martel. Con todo el respeto que me merece su evidente éxito, y sin que se me escapen sus elecciones estéticas (y éticas) a la hora de contar (esa morosidad, esa ambigüedad, ese minimalismo asfixiante), realmente no comulgo con su obra (aquellos que sí le son fieles, pueden encontrar interesante la lectura de este artículo).

Cuando leí, luego del estreno de La Mujer sin Cabeza, que un grupo de productores le había encargado la redacción de adaptación para la pantalla grande de El Eternauta, me sentí desfallecer. Más allá de alguna similaridad entre de la genial obra de Oesterheld y el enfoque de Martel en cuanto al tono alienante con el que ambos cuentan, creo que son dos mundos que colisionan sin remedio.

Creo que es un error recortar ciertos factores de El Eternauta, y olvidarse que uno de sus principales triunfos es que deviene de una linea creativa que Oesterheld comienza con creaciones como Bull RockettSargento Kirk, Ernie Pike y Sherlock Time, todas joyas de los años 50. Aunque El Eternauta destaca por una profundidad en los textos y en la historia que escapa al promedio de su propia obra, Oesterheld no pretende quitarle validez a los códigos de su propio lenguaje: el lenguaje de la aventura.
¿Era Lucrecia Martel la mejor elección para encontrar ese punto donde la aventura se encuentra con subtextos más ricos? Sinceramente creo que no. Salvo que se hubiera permitido quebrar la inercia de su propio cine, probablemente nos hubiéramos encontrado con un Eternauta hundido en una "ciénaga".
Nobleza obliga, quizá el guión de Martel fuera excelente. No lo sé. Pero mi amor (el de miles y miles de personas) por el opus magno de Oesterheld, me hacen alegrarme de que no haya sido necesario correr el riesgo.
Aunque quién sabe cómo será lo que vendrá después de ella...

A la hora de hacer una adaptación de El Eternauta, como dije antes, creo que el equilibrio es central. Dentro de esta historieta, conviven dos mundos: el de la aventura, que nutrió la vida de su autor desde las primeras páginas que escribió para la revista Cinemisterio, y el de las puras "letras", que lo emparentan con escritores como Mujica Lainez y Adolfo Bioy Casares. Los tres comparten esa capacidad de tomar el género fantástico y dotarlo de una profundidad que ensancha sus márgenes allí donde su flexibilidad es más natural.
Basta leer Misteriosa Buenos Aires, o Dormir al Sol, para entender el planteo.
En el caso de El Eternauta, la aventura que atraviesan Juan Salvo y sus compañeros está resignificada por lineas subyacentes, pero muy cercanas a la superficie: la elección del héroe grupal antes que el individual; el paralelismo entre la invasión alienígena y los golpes de estado (cabe señalar que las tres versiones de la obra escritas por Oesterheld, coincidieron respectivamente con los gobiernos de Aramburu, Onganía y el Proceso de Reorganización Nacional); la elección de no mostrar a las mentes detrás de la invasión, los Ellos, sino solo a sus "instrumentos", los Manos, que terminan siendo, en cierto sentido, tan víctimas como los humanos.
Así y todo, ninguna de estas resignificaciones se cruzan en el camino de la aventura, que es el motor que pone la ficción en marcha.
Un acercamiento a El Eternauta a lo Roland Emmerich arruinaría por completo la obra.
Un acercamineto cenagoso y sin cabeza, también.

El Eternauta aun espera al grupo de personas idóneas para que lo lleven hasta las pantallas del cine por el camino de la gloria. Mientras esa gente no llegue, la historieta está al alcance de todos, dispuesta a entregarnos una vez más sus maravillas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Soy lector de "el eternauta" desde chico, de adolescente, de adulto. No veo en el cine nacional otra directora/director más apropiado para hacer el eternauta que Martel. Respeto absolutamente tu visión y la forma en que sentís la historieta, sin embargo, mi percepción es completamente diferente, lo que habla muy bien de el eternauta como obra de arte. Desde mi humilde punto de vista, el cine de Martel se acerca bastante a lo que para mí resultó siempre inolvidable de la historieta, una sombra, el silencio de la nevada, el taconeo de la pareja en la madrugada desierta, el encierro, Juan Salvo, Favalli, Buenos Aires en penumbras, Mimnio, athesa, eioioio.
Me da tristeza saber que Lucrecia Martel no va a hacer El Eternauta y que tal vez caiga en manos de quienes apunten a una visión más comercial. Saludos. Juan Ramón es mi nombre