sábado, 6 de marzo de 2010

ESC.82 INT. ASADO DEL ALMA -- NOCHE

Sábado 6 de marzo. 22:00 horas. Estoy sentado en un deck de madera, observando el bosque nocturno que tengo enfrente. El lugar es Las Gaviotas, cerca de Villa Gesell. Aquí es dónde vine con mi familia a tomar un merecido descanso. A apagar el fuego de la quemazón. De fondo, el murmullo del mar promete suficiente agua como para aplacar todo el fuego que uno pueda llevar dentro.
Pero claro, no es sencillo. El mar, el aire purísimo, la noche repleta de sonidos mínimos y confortantes, a veces no alcanzan. Por dentro, la mente y el alma se resisten. La carga es mucha. Las ansiedades. El saber que a la vuelta espera una nueva ronda de proyectos, de sueños, de posibles contratos que pueden traer todo, o bien nada.
No es sencillo.
Las mismas notebook y banda ancha en medio del bosque que me permite estar subiendo este post, la mayor parte del tiempo me juegan en contra. Estoy en contacto permanente con las noticias del medio, de la industria. El mail es una tentación constante: ¿por qué esperar a que terminen las vacaciones para empezar a hacer contactos? ¿Por qué no empezar a mandar mails ya mismo?
Por que no. Porque en algún momento hay que parar.
Claro, también hay que decirle esto mismo a la cuenta del banco.
La argumentación interna no para. A veces pienso que no hay peor Terminator que la propia conciencia.
Y luego me acuerdo de algo. Desde que llegué, el momento de mayor relax lo logré haciendo un simple asado.
Lo había venido postergando por varios días (cuestiones climáticas y demás). Finalmente, encaré el tema.
Me enfoqué en ese tema. Prender el fuego, agregar hojas, piñas, aquellas cosas que ofrece el bosque, observar como el carbón llegaba a su estado justo, calentar la parrilla, preparar la carne y achuras, colocarlas sobre el fuego como un rompecabezas para que queden sobre el centro de calor, sentir como el humo impregna las fosas nasales, la ropa, observar como las manos quedan completamente tiznadas, como todo el cuerpo y los sentidos se comprometen en esa sola tarea.
El relax total. La mente alejada de todas las angustias, las tensiones, la televisión.
Ahora me doy cuenta de que aquí hay un aprendizaje. Los que nos dedicamos a esto trabajamos a destajo con la imaginación, con la mente. Horas y horas sentados frente a la máquina, metidos dentro de la pantalla. El cuerpo muchas veces dolorido. Ganamos mucho, pero también perdemos.
Creo que esto que perdemos, lo podemos recuperar poniendo el cuerpo y las manos en otra tarea. Involucrarnos físicamente en otras tareas. Y no me refiero a consabido y ciudadano gimnasio.
Hablo de esto, de hacer un asado. De armar una biblioteca. De hacerle a nuestros hijos una casita para jugar con madera, aunque nos tome meses, poner la mente y la energía en eso. Lastimarnos. Sangrar un poco, y no mentalmente: que caigan unas gotas de sangre sobre el piso, que veamos como nuestro ser se compromete con el mundo desde otro lugar.
Difícil aplicar estas ideas cuando volvemos a nuestros departamentos de tres ambientes de Caballito, Devoto, Palermo, Centro.
Será cuestión de hacer posible lo difícil. Si le damos vida a otros mundos, bien podemos crear el nuestro.
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2 comentarios:

Jessica dijo...

Marce: disfrutá las vacaciones. Disfruta a tu mujer y a tu hijo... que seguro a la vuelta habrá trabajo y proyectos cumplidos. Venís de un buen año. Mereces el descanso. Y con el cuerpo y la mente relajada lo que venga se encarará mejor: sea trabajo o sea búsqueda. Exitos y suerte.

Marcelo Cabrera dijo...

Gracias por tus palabras, Jess!! Un beso grande.