jueves, 24 de febrero de 2011

ESC.183 INT. SILLAS -- DÍA

En estos días asistí a una discusión que me trajo un fuerte deja vú. Algunos autores egresados de carreras de guión, expresaban su problemática laboral de la siguiente forma: ¿por qué ellos, que habían estudiado tres años, tenían que competir en situación de igualdad con otros autores que no se habían formado de la misma manera? En la discusión se escuchó incluso la frase "porque pareciera que 'guionar' guiona cualquiera".
Sentí que alguien apretaba la tecla de rewind es mi cabeza y me transporté a mis años de estudiante de Licenciatura en Periodismo y Comunicación Social. A diferencia de hoy, el promedio de egresados de carreras de periodismo y comunicación insertados en el medio era bastante bajo. El periodista se hacía en la calle, por decirlo de manera algo burda. Y nosotros, con un título que refrendaba cinco años de esfuerzo en la universidad, despotricábamos contra esta situación. ¿Cómo íbamos a conseguir insertarnos si habíamos apostado a una formación que, en principio y aparentemente, no era algo valorado en el medio? Un tipo educado como notero de radio, con carnet de periodista, tenía más oportunidades que nosotros en cualquier escalón de la profesión. Se daba entonces esa situación de nosotros versus ellos, de universitarios versus autodidactas.
Con el tiempo, claro, me di cuenta de que las ventajas de mi conocimiento universitario pesaban en situaciones menos obvias que las de una simple entrevista de trabajo; y también aprendí a valorar la universidad de la calle, que fue una segunda carrera que tuve que hacer y para la cual la universidad prácticamente no me había preparado. Tuve entonces que aprender a respetar a aquellos que ya la habían cursado. Luego, "ellos" comenzaron a respetarnos a "nosotros" con nuestra preparación en ciencias sociales, y se generó una convivencia que derivó en lo que es el medio periodístico actual.

Pero hay otra reflexión que saqué de este aprendizaje. La del juego de la silla. Cuando hay cien personas bailando, y solo 20 sillas, el juego deja ser divertido, para pasar a ser pesadillesco. Aquí, creo yo, se encuentra el verdadero problema. No dónde se ha formado cada uno, sino en la cantidad de oportunidades laborales que hay en este mercado, versus la cantidad de personas tratando de ingresar.
Como pasó en periodismo: cuando la carrera explotó (algunos años después de que yo ingresara), la oferta pasó a superar la demanda de manera brutal, y cientos de chicos se encontraron con sus posibilidades de ingreso al mercado reducidas en un 50% o más.
Creo que algo parecido está pasando con el oficio/profesión de guionista. Hay muchísima más gente que, digamos, diez años atrás, tratando de trabajar de esto. La mayoría, proviene de los estamentos de educación formal que se han ido generando.
Y estamos entonces nuevamente con el juego de la(s) (pocas) sillas(s).

Porque, seamos honestos, si todos tuvieran trabajo, no habría discusiones entre terciarios y formados en el medio. Más allá de consideraciones sobre cuestiones como la vocación, el amor a la escritura, o el talento innato de cada uno, que no se enseñan en ningún lado (el guión es un lenguaje altamente estructurado, con reglas que es necesario aprender... pero una vez aprendidas, se trata de escribir, y para ser Hemingway, no es necesario estudiar filosofía y letras).

Repito entonces: si todos tuvieran trabajo, no habría discusión (o por lo menos, la discusión sería muy distinta). Pero las sillas son pocas, muy pocas. Y los que juegan son cada vez más.

Tengamos esto presente y no entremos en luchas internas. La clave es poner nuestro grano de arena para que haya cada vez más sillas y menos gente parada.