miércoles, 30 de diciembre de 2009

ESC.70 INT. DE BUEN HUMOR -- DÍA

Es más fácil hacer llorar, que reír. Una frase que hemos escuchado cientos de veces. Y no por eso es menos cierta. La estoy experimentando desde hace un mes y medio, días más, días menos, como parte del equipo autoral de Ciega a Citas, la comedia romántica que escribe Marta Betoldi (Socias) y produce Rosstoc y Dori Media para la pantalla de Canal 7.
No es la primera comedia en la que participo, pero se me aparece como la más desafiante. Es que la propuesta es trabajar una tira, un programa diario de una hora, con el concepto de sitcom, un lenguaje que normalmente es semanal y de media hora de artística. Como se pueden imaginar, no es nada fácil lograr este cruce de formatos.
La sitcom, o comedia de situación, se basa justamente en situaciones que comienzan en un punto y luego de cierto desarrollo, concluyen cerrándose sobre sí mismas. Aun las cuestiones que tienen que ver con el arco de las historias (léase la relación entre Ross y Rachel en Friends), se trabajan de la misma manera: prácticamente no hay progresión dramática en el sentido normal, sino momentos de comedia autoconclusiva que se encastran unos con otros, como en un rasti, hasta formar una figuramás compleja.
Cualquiera que haya visto/trabajado en una tira/telenovela, sabe que el lenguaje de estos formatos es totalmente distinto. Sin arco, sin trama, no hay desarrollo posible para sostener 80, 120 capítulos de una historia.
¿Cómo juntar estos dos universos? No por la fuerza, eso seguro.

En el humor argentino, sobre todo, el gag se basa en remates fuertes y rápidos (Franchella al frente). El setup del chiste argentino consta normalmente de dos etapas: se establece el motivo del chiste, y luego se lo remataLos sitcom americanas, en cambio, trabajan sobre una arquitectura del chiste distinta. Antes que nada, el chiste es totalmente orgánico con el desarrollo de la trama. Y luego, no funciona en dos niveles, set up y remate, sino en lo que ellos llaman "triplets", o chiste de tres niveles. Este tipo de chistes tiene dos set up en vez de uno: el primero da pie a la broma, siendo ya de por si gracioso; el segundo, es un semi-remate, y a la vez propone un segundo set up que sirve de plataforma para el remate, que redobla el sentido de la broma.
Un ejemplo de Two and a half man, donde se puede ver una broma construida en tres etapas, que a su vez refleja características de los personajes:

Alan: Buen día. Tu invitada se fue?
Charlie: No, se quedo a dormir. Por favor, no dejes que me olvide de nuevo! (set up 1)
Alan: Por ahí deberías ponerte un post-it en el pene (set up 2)
Charlie: Puede ser, pero debería sacar el cartel de "venta de garage" (remate)


En la sitcom, muchas veces incluso la forma en que está estructurada la escena (elementos en la misma, entrada y salida de personajes) obedece a esta regla. Por supuesto, hay espacio para las bromas de dos etapas (la versión argentina de Casados con Hijos está armada casi al 100% por humor argentino de dos etapas), pero los "triplets" permiten, a mi modo de ver, un humor más integral. 

Otro elemento distintivo de este tipo de lenguaje, es el ritmo en los diálogos: hay una forma precisa decirlos, temporalmente hablando, y nunca se improvisa sobre la letra, sino que se la sigue al pie (cualquier cambio se discute largamente en piso durante los ensayos, nunca en la grabación, pero ni esto es muy habitual); mientras que en los programas argentinos de humor más clásicos, la improvisación y el morcilleo son a veces más importantes que el texto del guión, que es una "excusa" para el juego. En las sitcom, esto puede llegar a ser algo negativo (salvo en el caso, por ejemplo, de la versión argentina de Casado con Hijos, donde se logró aunar ambos mundos, aunque con un desbalance en detrimento de la parte sitcom).

Todas estas cosas tratamos de tener en cuenta a la hora de escribir Ciega a Citas. No es un desafío fácil llevar todo esto a un formato diario de 45 minutos de artística, que por su propia gravedad deriva hacia la telenovela si no se lo vigila con ojo de halcón.
Sin embargo, creo que estamos llevando a cabo una búsqueda válida para generar un nuevo formato. La repercusión en Facebook habla de que se está logrando.
Y yo, como siempre, agradecido de poder trabaja en algo que permita experimentar un poco. El proceso de aprendizaje del guionista no termina nunca.




domingo, 27 de diciembre de 2009

EL GUIÓN PERFECTO - /5

Mi padre encaraba su oficio, en cierto sentido, de la misma manera que yo. No se dedicaba simplemente a embalsamar a la criatura, sino que visitaba a sus "deudos" y llevaba a cabo una investigación sobre la relación entre ellos y el animal. Aprendía de su historia...




miércoles, 23 de diciembre de 2009

ESC.69 EXT. HUYENDO DE LA CÁMARA -- DÍA

Un par de veranos atrás, comprando un par de libros para llevarme a la playa, me topé con una edición de bolsillo de un clásico norteamericano sobre el que había oído cientos de comentarios, pero que nunca había leído: The Catcher in the Rye (El Guardián en el Centeno), de J.D. Salinger, de 1951. Salinger publicó hasta 1963, y luego se convirtió en un ermitaño, huyendo de el canto de sirena de la fama. "Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida", declaró él mismo una vez. La historia de Salinger me atrajo al igual que el libro, y lo llevé conmigo.
The Catcher in the Rye es un libro que habla sobre la rebeldía adolescente en el contexto de la norteamérica de los años 50. Teniendo en cuenta el tipo de historias sobre la adolescencia que estamos acostumbrados a ver hoy por hoy, la historia del personaje del libro, Holden Caulfield, se me hizo algo inocente. Sin embargo, pude reconocer la riqueza de la novela más allá de sus limitaciones históricas.
No soy el único, claro. Desde hace varias décadas, distintos cineastas han intentado convencer a Salinger de que les vendiera los derechos para llevar The Catcher in the Rye a la pantalla grande. Luego de haber pasado una experiencia poco grata con la adaptación al cine de su cuento, "Uncle Wiggly In Connecticut", Salinger decidió declinar cualquier otra invitación a repetir la experiencia.
En un artículo que encontré en el blog The Playlist, se reproduce una carta que Salinger le enviara a un tal Mr. Herbert, en la cuál le explica los motivos de su negativa. Me pareció interesante postearla: se pueden extraer de ellas algunas ideas sobre lo que no hay que hacer a la hora de adaptar... o, lo que es más importante, si un material debe ser adaptado o no. 


Querido Mr. Herbert,
Trataré de explicarle cuál es mi actitud respect a la puesta y derechos cinematográicos de El guardia en el Centeno. He cantado esta tonada unas cuentas veces, así que si no luzco muy entusiasmado, trate de ser tolerante. Primero, es posible que un día los derechos sean vendidos. Desde que existe la triste posibilidad de que no muera rico, he jugado seriamente con la idea de dejar los derechos no vendidos a mi esposa e hija como una suerte de póliza de seguros.  Me place, debe agregar, saber que no estarme para ver los resultados de la transacción. Sigo diciendo esto, y nadie parece hacerme caso, pero El Guardián en el Centeno es una novela muy “novelística”. Hay secuencias que ya son escenas, solo un tonto lo negaría, pero, para mí, el peso del libro está en la voz del narrador, sus constantes peculiaridades, su personal y extrema actitud discriminativa hacia el lector-escucha, sus comentarios al margen sobre arco iris en pequeños charcos de agua en la calle, su filosofía o forma de mirar valijas de cuero de vaca o envases de pasta dentífrica vacíos - en una palabra, sus pensamientos.
Él no puede ser legítimamente separado de su propia técnica de primera persona. Verdad, si esta separación es hecha por la fuerza, todavía queda suficiente material para pasar una velada agradable en el cine. Pero encuentro esta idea, si no completamente odiosa, al menos suficientemente odiosa como para preservarme de vender los derechos.
Muchos de estos pensamientos, claro, pueden ser elaborados en forma de diálogos - o en algún recurso de corriente de pensamiento en voz alta -, pero 'elaborados' es la palabra exacta. Lo que él hace tan naturalmente en la soledad de la novela, en escena solo puede ser seudo-simulado, si es que existe tal palabra (y espero que no). Sin mencionar, Dios nos ayude, el inconmensurablemente riesgoso negocio de usar actores. ¿Alguna vez vieron a un actor niño sentado de piernas cruzadas y mirando correctamente? Estoy seguro que no. Y el propio Holden Caulfield, en mi propia súper-tendenciosa opinión, es esencialmente 'inactuable'. Ni el más talentoso joven actor con un piloto reversible podría personificarlo. Se necesitaría a alguien con X para lograrlo, y no muchos jóvenes actores agraciados con X sabrían que hacer con esta capacidad. Y, tengo que añadir, no creo que ningún director los llamaras.
Me detengo aquí. Me temo que solo puede decirle, para finalizar, que estoy muy firme en mi decisión, por si todavía tiene alguna duda.
gracias, pese a todo, por su amigable y altamente leible carta. El correo que acostumbro recibir de productores, es el infierno.
Sinceramente,
J. D. Salinger


              Salinger tratando de evitar ser fotografiado, algunos años atrás.  


viernes, 18 de diciembre de 2009

EL GUIÓN PERFECTO - /4

Fui hasta la habitación y comencé a buscar en el placard la ropa que había usado aquella vez. Reproducir en cuanto pudiera la situación anterior me pareció la forma correcta de establecer el mejor set up posible. Jeans negros, camisa negra, y zapatos y campera azul oscuro. Me observé brevemente al espejo: mi aspecto general, teniendo en cuenta mi mirada cargada, era un tanto ominoso. No me sentía exactamente igual que aquella vez, pero sí bastante cerca. El resto era simplemente ponerse en papel.


jueves, 17 de diciembre de 2009

ESC.68 EXT.INT. DERECHOS VS TRABAJO -- DÍA

El nombre de mi amigo autor titiló un momento en el messenger y luego se encendió de verde. Lo saludé como suelo hacer cada vez que lo veo, que no es tan seguido, y enseguida me respondió. Estaba en la soledad de un hotel en el exterior y tenía ánimo conversador. O desanimo podríamos decir.
No es que la estuviera pasado mal en aquel lugar donde se encontraba. Al contrario. Como muchos autores argentinos, había decidido abrirse camino en las televisiones de otros países. Y lo estaba consiguiendo. Sin embargo, primaba en su humor un dejo de enojo y amargura. Aunque se lo puede contar entre los que siempre están presentes en las reuniones que se estaban llevando a cabo en Argentores desde hace algunos meses, con el fin de debatir sobre posibles mejoras en la profesión, de repente se pregunta (simbólicamente, digamos) para qué estábamos luchando por un mejor contrato, cuando el problema más inmediato es que no había contratos para firmar. La disminución en la cantidad de producciones que se ha dado en los últimos dos o tres años es significativa. Mientras que en Colombia, por ejemplo, no paran de crecer, aquí, que nos preciamos de ser grandes vendedores de latas y formatos, no para de disminuir. En su paso por distintos países, mi amigo apreciaba que en las otras grandes capitales productoras de TV de Latinoamérica, "tienen todas las empresas yanquis laburando... han logrado lo que nosotros no pudimos nunca forjar una industria que va creciendo y creciendo". Esto me consta personalmente, por haber trabajado con Fox Telecolombia.
"Argentina quedó en inferioridad de condiciones a todo nivel en este momento: tenemos un pais caro con respecto a Latinoamerica, caro y con un grupo de productores que son más conflictivos que otra cosa", continuaba mi amigo, "con terribles exigencias sindicales que los otros paises no tienen (en mex los actores laburan 12 horas por dia de lunes a sabado y nadie protesta y en colombia creo que pasa algo parecido) todo  eso hace que los costos sean mas bajos; pero yo no creo que sea solo cosa de los productres... es esa incapacidad que tenemos las distintos niveles de trabajo en la Argentina para sentarnos y decir señores creemos primero la industria y después vayamos por  lo demás. Una vez que todo el mundo tiene laburo, una vez que las producciones se mueven, alli empezamos a pelear las condiciones. El gobierno tendría que dar ciertas exenciones impositivas para ayudar a la industria, los productores deberían estar dispuestos a ganar algo menos, y los laburantes a trabajar más. Ninguna industria se armò trabajando 7 horas por día... Yo tengo la sensacion que argentina se va a quedar con las mejores condiciones de trabajo pero sin trabajo".
Me quedé pensando en sus palabras. Trabajar más por menos es siempre un trato peligroso, sobre todo para aquellos que están en la base de la pirámide (léase actores, técnico y escritores de segunda línea). Sin embargo, si hubiera algún tipo de acuerdo, como él dice, entre el gobierno, los productores y los laburantes para empujar el desarrollo de la industria, ¿no sería un buen sacrificio para hacer?
No lo sé. Este tipo de "acuerdos" en la Argentina, donde siempre ha alguien dispuesto a aprovecharse del otro, son siempre peligrosos.
"Las mejores condiciones de trabajo pero sin trabajo". Una frase que duele, pero que creo encierra una porción de realidad importante. Nos hace pensar en que fuera necesario precarizar el trabajo para fortalecer la industria. Pero, ¿no hay algo de verdad en esto? ¿No es así el mundo que creamos?
Cuando veo el tipo de acuerdos que ha conseguido el gremio de Actores, siento que ese es el camino que deberíamos recorrer los Autores. Pero en este mundo en el que vivimos, parece que seguir este camino significa ayudar a contraer la industria. ¿Derechos vs trabajo? Auch. El reloj de la máquina del tiempo parece correr hacia atrás.
Así me dejó la charla con mi amigo. Con más preguntas que respuestas y un poco deprimido.

lunes, 14 de diciembre de 2009

EL GUIÓN PERFECTO - /3

"Apoyé los dedos sobre el teclado con suavidad. Meterme en aquello no era un asunto para ser enfrentado de manera brusca. No se puede llegar a los secretos de una persona a través de la violencia. Apropiarse del otro es siempre una tarea que se realiza con guantes de seda".




viernes, 11 de diciembre de 2009

ESC.67 EXT. MATE WESTERN -- DIA

Nunca he sido especialmente fanático del western. Okay, de chico no me perdía un capítulo de Bonanza ni de El Hombre del Rifle (repeticiones, no soy tan viejo), pero no estoy seguro si estas series pueden clasificarse cien por cien dentro del género western. En fin, que John Wayne siempre me pareció un facho híper almidonado, y pasé de ver clásicos como A la hora señalada, La Dirigencia o Río Bravo.
Con el paso de los años, algunas películas me fueron amigando con el género. Más que nada, dos obras de Clint Eastwood (a quién había aprendido a odiar por la serie Harry el Sucio) como director/actor: primero fue El Jinete Pálido, de 1985, y luego Los Imperdonables, de 1992. Sin ahondar mucho en el tema, me pareció que la primera le daba un giro "metafísico" al género (¿está o no muerto el jinete pálido; o es la misma muerte a caballo?), y la segunda, un giro moral (que si bien siempre ha estado presente en el género, aquí toma nueva dimensión a través de la palabra arrepentimiento).
Con este background es que llegué a ver, hace dos años, 3:10 to Yuma, de James Mangold. Una de las principales críticas que se le hicieron a esta película, fue estar excesivamente recostada en los personajes, a costa de la acción. Para mí, es precisamente su fuerte. Lo que en otros western está colocado con dos pincelazos, aquí está desarrollado en profundidad: el duelo sin armas entre un hombre que ha perdido prácticamente todo menos su sentido de lo que es correcto e incorrecto, y otro hombre que, justamente por haber dejado atrás  el sentido de lo correcto e incorrecto, se ha perdido a sí mismo.

Poco después de haber visto esta película, y quedar alegremente impactado por ella (soy amante del lenguaje de los géneros), un productor conocido me comentó que tenía la posibilidad de presentar material a una de las compañías que produjo 3:10 to Yuma. No era una propuesta formal para enviar algo juntos, y sin embargo fue el empujón que necesitaba para animarme a concretar la inquietud que me había dejado Yuma. Así es que, partiendo de una idea básica que me vino a la mente, me senté a escribir un western.
Si el italiano Sergio Leone pudo revitalizar el género con Por un puñado de dólares y El bueno, el malo y el feo, ¿por qué no podía yo give it a try?
Una vez que me aboqué a ello, no pude parar. Tardé aproximadamente un mes en redondear un guión de 90 páginas, y disfruté a fondo cada una de ellas. Desde lo puramente personal, fue una experiencia genial: me metí a convivir con los personajes en su mundo, y padecí cada uno de sus problemas y peleas. Fue uno de esos casos donde uno simplemente es un escriba de una trama que lo precede (creo que esta es una de las ventajas de trabajar con géneros). El western tiene algo genial en relación al tratamiento de personajes e historias: el set up es tan "yermo", que es como trabajar fondo simple/figura compleja, todo se realza como por efecto de un juego óptico. Las emociones son más puras, las reacciones menos cerebrales. La moral se simplifica a sus elementos más básicos, arquetípicos, y eso permite trabajar, siguiendo la analogía con las plástica, con materiales "nobles".
No sé si En la Sangre (nombre del experimento) verá su camino a la luz. Seguramente es uno de esos casos donde, exorcizando una historia sin ninguna pretensión de verla realizada, el autor aprende de sí mismo y de su trabajo.

Luego me quedé pensando en qué interesante sería poder retratar el período de la Conquista del Desierto desde la mirada del género, un poco como hizo Edward Zwick  con el ocaso de la cultura samurai en The Last Samurai, o Kevin Costner con Danza con Lobos. Los intentos del cine argentino al respecto (o por lo menos los que yo conozco), como El Último Malón, Pampa Bárbara, El Último Perro, creo que no dan la talla, sobre todo desde una mirada histórica. Quizá se deba a la vergüenza que nos da como pueblo poner la lupa sobre este período, que ha sido borrado de toda discusión popular sobre nuestra responsabilidad a nivel derechos humanos.
En comparación, el ocaso del gaucho ha sido profusamente retratado. ¿Será porque el gaucho tiene un halo romántico y esto lo convierte en un mejor personaje? Si es así, me parece bastante hipócrita para con ambos, gaucho e indio.

Quizá la experiencia con En la Sangre, sea un buen punto de partida para enfrentar un tema mucho más cercano como este. Veremos.




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